No, que creo que no me expliqué bien.
Claro que me gusta ir guapa. Ir guapa o no ir guapa no es la cuestión.
Ir de pija o de altermundialista tampoco. Se puede estar guapísima de altermundialista y feísima de Prada.
La cuestión es que te importe o no te importe lo que piensen los demás.
La cuestión es sentirte bien cuando vas fea, o guapa, o símplemente cuando vas. Y por qué te sientes bien. ¿Porque has leído No Logo? ¿Porque sabes lo que vales? ¿Porque te suben la autoestima? ¿Porque te miran los tíos, el tío? No debería depender de los demás, y eso me jode.
Mi dilema iba más en esta dirección: ¿te quieres o no te quieres? ¿te quieres sólo cuando te quieren?
¿te quieren sólo cuando tú te quieres? ¿Y por qué no te quieren también cuando tú no te quieres? ¿Por qué no te quieres cuando los demás no te quieren? ¿Te quieres más con la chaqueta del Ché o con el vestido rojo?¿Por qué? ¿Por qué si durante seis años esta mierda de preguntas me la traían floja, ahora vuelven a importarme?
Colgué el disfraz de Bridget Jones para siempre, creo, cuando me dí cuenta de que mi sonrisa era la clave, de que llamar la atención flirteando era demostrar how shallow I was. Me molesta. Me molesto.
Me molesta el Cosmopolitan porque crea generaciones de anoréxicas superficiales. Me molesta el Cosmopolitan porque demuestra que mis sisters in arms no han cambiado. Me molesta el Cosmopolitan porque me recuerda a cómo era antes, porque ayer decidí maquillarme, después de seis años (sin incluir bodas) y me encontré a mí misma mirando el contorno de ojos de cada modelo Cosmo, para ver qué se lleva ahora.
No intentes buscar soluciones, B., baby. Las crisis existenciales no las tienen.
Pero gracias por escuchar. Y besitos a la nena.
M.