siempre pensé

que iría a un concierto de Mike Oldfield antes de morir. Lo supe desde que tenía aproximadamente diez años, cuando mi padre se compró el vinilo del Tubular Bells II. Lo ponía continuamente, sin cansarme nunca, lo grababa a cintas de "metal" - nunca llegué a saber por qué las cintas de "metal" eran más buenas que las otras, pero lo cierto es que sonaban mejor - lo grababa a 33 revoluciones, lo grababa a 45 revoluciones - nunca llegué a saber por qué los vinilos tenían dos velocidades distintas... en cualquier caso a mí me parecía divertido oir los discos rollo los pitufos maquineros. Siempre pensé que ese señor era un genio, que era el mejor. Sobre todo lo pensaba cuando llegaba la última canción de la cara A, y se oía la voz de un señor - que siempre he pensado que era Mike - diciendo: and... tu-bu-lar bells! justo antes de que las campanas tubulares - siempre he pensado que esa es la traducción correcta - repitieran el tema a todo volumen, en el subidón final. Que era un gran artista me lo corroboró cuando el Songs of distant Earth, que fue la banda sonora de mi vida cuando tenía trece años, y mi tercer CD, todo sea dicho - siempre pensé que vería el vídeo del anuncio del disco, cuyas capturas se veían en la carátula, al introducir aquel CD en un ordenador multimedia... hasta que tuve un ordenador multimedia y comprendí, no sin desilusión, que no era más que un CD de audio y que probablemente nunca vería pájaros digitales sobrevolar mundos en llamas y estructuras arquitectónicas futuristas. Y aunque algunas veces intentara timar a su público con versiones remasterizadas y reorquestadas del Tubular Bells (timo disco conocido como The Orchestral Tubular Bells para más información), revalidaba su título de dios con cosas como Voyager (madre, jugaba al Tomb Raider con ese disco de banda sonora), Tubular Bells III (aún recuerdo ponerlo a toda voz con los altavoces mirando al pasillo en fin de curso de mi primer año en el Isabel), The Millenium Bell (fue la banda sonora del corto que hicimos para la clase de inglés), o Tres Lunas (sonaba de fondo en mis prácticas de bases de datos II). Todas increíbles, todas banda sonora de mi vida hasta que venía la siguiente hornada. Todas esas obras tan sublimes, tan insuperables. Hasta que...

La escuché a ella.

Entonces supe que antes de morir, debería ir a un concierto de Mike Oldfield, y a un concierto de Loreena McKennitt. Mi karma y plenitud espiritual está un 50% más cerca, porque ella viene a tocar a Granada. Al palacio de Carlos V y al Generalife. Y yo... yo... bueno, tengo entradas.

Supongo que todos tenemos ídolos. No sé cómo trata la gente - interiormente, me refiero - a sus ídolos, si es que quiere conocerlos, quiere ser como ellos o simplemente les admira, por lo que son, por lo que han hecho o por cómo han llegado a donde están. Yo, personalmente, quiero verles, aunque sea a lo lejos, y escuchar. Y saber que son verdad. Para poder saber de primera mano que existen personas de carne y hueso que consiguen hacerme estremecer utilizando tan solo el 20% de mis capacidades cognitivas.

Supongo que por eso los admiro tanto, porque en este mundo he encontrado muy pocas cosas que consigan hacerme estremecer.

sabaoth, 25th August 2006, Friday, [16:20-16:53] @ emoción musical digitalizada