Pues mira, es muy fácil:
Guardas la leña y metes el hacha en la cabaña para evitar accidentes. Atas al husky a la cabaña por la misma razón higiénica. El husky aullará, pero debes ser fuerte y no hacerle caso. Enciendes la calefacción central del bosque y llamas al orignal, otherwise known as moose, juntando tus manos y soplando dentro desde el nudillo del pulgar para conseguir un sonido parecido al silbido de un tren, que es el que más atrae a este rumiante con astas de pala.
Te quitas la camisa a cuadros, los pantalones de pana y las botas camperas. Puedes dejarte puestos los calzones de cuerpo entero para no congelarte. Quitarse el gorro de lana es opcional. Lo mismo ocurre con las orejeras y los guantes. El orignal llega y, si le gustas, a lo mejor acepta.
Si no, vas a pasar el resto del invierno solo en la cabaña con el husky ,que ya estará bastante cabreado por haberlo atado a la cabaña cuando te da por buscarte otro mejor amigo.
Lo que sigue es un intento desesperado de captar al orignal ofreciéndole buttered scones with tea, pancakes con maple syrup, roasted marshmallows y todo tipo de bayas.
El resto no hace falta que lo explique. Hay variantes, claro: puedes untarte el alce con jarabe de arce, gritar en francés o en inglés según sientas el furor del momento, o ponerte un gorro de cowboy en vez del típico de lana con pompón. También puedes recurrir al traje típico esquimal, o animar tu performance con un coro de focas. Hacerlo dentro de un igloo tiene su encanto por aquello del eco.
Eso sí, si ves un oso, debes meterte en la cabaña inmediatamente, porque les gusta todo lo que sea dulce. Con un poco de suerte se conformará con comerse al alce. Si te da pena, podéis meteros los dos en la cabaña y dejar al husky fuera, untado en maple syrup para atraer al oso.
Por último, metes el condón en el cubo correcto para reciclar plástico, como todo buen canadiense.