esas cosas que se te ocurren a veces

Estaba leyendo algo por ahí (procrastinando un poco) y me he acordado de ti. He pensado en llamarte, y se me ha ocurrido que igual no estabas en una de tus ventanas de tiempo libre. Aunque me lo he pensado dos veces, y he pensado que me la sudaba un poco que no estuvieras en una ventana. No se debe interpretar lo anterior como un desdén hacia Zimt, es sencillamente que era importante y corto lo que te tenía decir, y quería que lo escucharas.

Nada del otro mundo, sin embargo. Últimamente mi vida es toda flores, mariposas, arcoiris y plastilina (o bien (f)(h5)(r)(*) en términos MSN), aunque más bien por las connotaciones de mundo ideal que por el asunto de pañales que la canción patrocina. También he de decir que haber estado hablando con el belga y que haya usado Engel como vocativo en su despedida ha influido en el pico de felicidad. Como sea, aconteció tras la mencionada conversación que he visto a viejos ángeles (o proyectos de tal) en mi lista de contactos. Y me he acordado que a veces, en mi afán de conseguir lo que quiero, he llegado algunas veces a envidiar a los que estaban cerca de lo que yo quería. Sí, sí, como lo oyes. Osea, envidia de buen rollo. Como focalización de mi frustración en algunos acercamientos infructuosos, lentos o escasamente productivos.

En cristiano podría resumirse que a veces me dan envidia los amigos de las personas a las que me empeño en llegar. Que a veces pierde uno el hilo con tanto recurso literario.

He mirado entonces lo que leía mientras procrastinaba - que era en concreto otro de estos diarios digitales - y me he acordado de Atlantis. Y de ti. Y he ido a Atlantis. Y he pensado en llamarte, como decía hace algunas líneas. Pero no me cogías el teléfono. He empezado a escribir y al rato he intentado llamarte de nuevo, a ver si me ahorraba el pensamiento en Atlantis. Y ha sido la segunda llamada infructuosa de la tarde.

Y es que pensaba decirte que cómo se me ha ocurrido alguna vez, aunque sea remotamente, envidiar a alguien. Envidiar qué y por qué. Teniendo lo que yo tengo. Mi diario, tú y toda la gente que me quiere.

Quizá no fuera muy bonito, muy elaborado o muy literario lo que te tenía que decir. Lo que ocurre es que para expresar esas cosas se queda uno sin palabras. Ha sido uno de esos momentos tontos en los que uno se acuerda de todo lo que tiene, lo rumia y se da cuenta de que hacía tiempo que no había pensado en ello. Y se siente como si lo hubiera vuelto a encontrar, o como si todo fuera nuevo otra vez. Es que mira que es cursi con ganas la frasecilla esa que rulaba por las carpetas de los institutos, pero qué razón tenía. Hincharse de llorar porque no tienes el sol no sirve para nada, yonosequé yonosecuánto de que te limpies los ojos y mires a las estrellas que es lo que es bonito de verdad y lo tienes ahora, coño. La verdad es que la frase original era bastante más cursi y menos bruta, pero la idea ha permanecido, que es lo que me interesaba. Ahora que lo pienso, puede que esta última referencia haya reducido en gran medida la calidad literaria de mi disertación. En fin, qué se le va a hacer. Tampoco es uno Arturo Pérez Reverte, ni lo pretende.

Qué triste olvidarse de estas cosas. No de las frases cursis de carpeta de instituto, si no de lo que uno tiene, digo. Aunque supongo que olvidar es tan humano como recordar. Y que a veces estamos demasiado ocupados pensando en la oscuridad que se cierne sobre nosotros como para acordarnos de otros asuntos. Debería hacerme una lista de cosas, de momentos y de recuerdos que tendría que tener presentes cada vez que vea la oscuridad cernirse sobre mí.

Así, a lo mejor, incluso en tan dramáticos momentos (todos sabemos que cuando la oscuridad se cierne sobre ti es un momento dramático) se me escapa alguna sonrisa.

Me he quedado con las ganas de hablar contigo, en cualquier caso. Escribirte en Atlantis no está mal, pero no es igual.

Igual en la próxima ventana.

sabaoth, 12th February 2006, Sunday, [10:14-11:26] @ vaya churro de pensamiento