Pues sí, y es que para resolver los mil problemas sobre los que me quejaba el otro día sólo tenía que plantearme resolverlos uno a uno. Y más o menos me ha salido. Ya estoy haciendo prácticas, estudiando, sé lo que hacer con el piano y vuelvo a ir - regularmente - a clase.
Ahm. Y ya he aclarado las cosas con Ángel. Más o menos. Quiero decir que más o menos las cosas van a seguir siendo como eran. Él está lejos, y no puedo verlo siempre que quiera. Pero tomándose las cosas con un poquito más de calma, menos nerviosismo y no dejando que lo que no es obligación se convierta en lo susodicho, se puede ir tirando.
He estado a punto de estropear las cosas con Ángel por imaginarme cosas donde no las había. Por agobiarme por un compromiso que todavía no había tenido tiempo de aparecer. Por ilusionarme demasiado al tenerle, y pretender actuar como si lleváramos juntos tres años. Qué cosas. Supongo que fue la emoción que acompañó los primeros momentos la que dio pie a esta coyuntura. Coyuntura en la que ambos habíamos montado un castillo que nos venía un poco grande... dado que este viernes hará un mes que nos conocimos.
A veces resolver un problema es tan fácil como darse cuenta de que no existe.