Sólo sé que no sé nada de tu vida
Sólo me colgué una vez en el pasado
presenté mis credenciales a tu risa
y me clavaste una lanza en el costado
Creo que no te dejé jugar con fuego
sólo nos dijimos cosas al oído
y si un día te encontrare una mañana
Será posible, será dormido, será posible, será dormido
Escuchaba esta canción esta mañana en el desayuno, con mi vaso de galletas integrales hechas plasta en leche con canela y limón, que es más menos una de las pocas cosas que todavía no me destrozan el estómago así visiblemente.
[Pero ya la otra noche apenas cené cuatro cosas y me desperté a las tres de la mañana con la garganta ardiendo. Esa fue la noche en la que ya lloré... porque sigues todas las supuestas instrucciones temporales (y acabas cenando a las ocho), dietéticas (que te joden el contenido la cena), posturales (que te joden el quedarte dormido abrazado, total para un momento que tiene el día), y te tomas todas tus pastillas, el complejo vitamínico, el refuerzo para las venas, el de la circulación intestinal, y los de de la tensión, el Diazepan y el otro que nunca me acuerdo cómo se llama. Y te despiertas en mitad de la noche, en mitad del dolor, y ni siquiera consigues sentarte bien porque la niña está en una postura rara y te duele todo movimiento. Y tú te has portado bien, has sido una niña buena... pero no sirve de nada. Así que lloré hasta volverme a dormir]
Así que esta mañana, después de dormir desde que me acosté hasta que me desperté, todo tenía otro color, y esta canción me hizo sonreír... y de alguna manera, en realidad todo va bien. Sólo que es extraño. No sé ni a quién me recuerda. Creo que en verdad sí lo sé... pero como siempre no sé por qué ni para qué. Pero hoy he conseguido dormir, y quizá por ello ahora al contarlo sigo sonriendo un poco.