... llegar a mi cuarto y encender la luz tenue de mi escritorio, con el flexo vuelto hacia las cortinas de ese color entre el amarillo y el naranja tan bonito.
... mirar al escritorio al volver de viaje y ver la nota de la chica italiana, dándome las gracias por dejarle las llaves para dejar las cosas.
... escuchar la música que más me gusta a todo volumen en los altavoces con subwoofer, y cantar el Incomplete a toda voz aunque sepa que no me sale tan bien como a ellos.
... llegar de viaje, de Köln, de ver a AG, que vive todavía allí, y de haber estado con ella y con sus amigos en una ciudad que me gusta más cada vez que voy.
... viajar en tren, que me ha costado dos perras por la Bahncard y por el descuento del 50% por reservarlo con tiempo, en el IC, escuchando música con el portátil puesto encima de la mesa, sin nadie en el vagón.
... los trenes, las estaciones de tren, los billetes de tren, sacar el billete cuando viene el revisor, mirar por la ventana y ver los raíles paralelos que se ven borrosos por la velocidad.
... que llueva pero que salga el sol por algún hueco de vez en cuando, la niebla sobre el Rhein, los meandros del río hacia un lado y hacia el otro, la vía del tren siguiéndolos, la orilla del río, los barcos que llevan mercancías por el río, los castillos del Rhein, o la vista de Mainz cuando pasas por el puente que cruza el río.
... llegar a la Hauptbahnhof, bajarte de tu tren, esperar al siguiente y subirte aliviado porque lo has podido coger aunque tu IC llegaba tarde.
... algo, o muchas cosas, o todo. Algo será, algo tendrá, seguro. No sé lo que es, no lo entiendo, pero me parece bien. En cualquier caso, algo hay, porque lo que no es normal es llegar a casa, después de haberte levantado a las seis y media de la mañana, cuando todavía era de noche, después de haber hecho un viaje de dos horas, haber cargado con tu maleta, haber trabajado todo el día, y sonreir como un tonto.