Hola Patinete.
Esto era en principio una carta sólo para ti, pero al final he acabado diciendo cosas que llevaban tiempo queriendo salir. Así que es un poco una carta abierta.
Me alegro mucho por lo de la agencia de noticias. La verdad es que el puesto te pega, vamos, como anillo al dedo. Hay un caso parecido por aquí de un amigo de M (un ex alumno que es técnico medioambiental o similar). Se ha venido para una beca de tres años, y su novia deja su trabajo en el Reino Unido (uno bueno) para venirse con él... luego, sorpresa, antes de llegar ya tiene una oferta aquí de uno potencialmente mucho mejor. Y todas las grandes locuras y elecciones vitales... van saliendo cada vez mejor. Y además estarán juntos. Me recuerdan a vosotros, salvando las distancias, claro.
Por cierto que un beso para tu niña, a todo esto.
Y si esto fuera poco...
Van llegando las cosas para la peque: la bañera, pronto la cuna de laurel que me hizo el carpintero de Managua, las vestiduras del moisés que cosió la (descanse en paz) abuelita de P, todas las cosas que va bordando mi madre, que van tejiendo su madre y Nana, (su nana de toda la vida, que como fue su segunda madre ahora va a ser abuela también). Es un poco como en los cuentos, van llegando hadas madrinas y todas traen algo, una magia que saben hacer... Y poco a poco la casa se va poblando de indicios de bebé: un mueble de colorines, un metro de un león, peluches, ropa que te cabe en la palma de la mano.
Soy feliz, lo cual no quiere decir que no tenga problemas, pero son los mismos problemas de fondo de siempre... básicamente de cómo me veo a mí misma, y más ahora que no os tengo (a mis amigos) alrededor, y tampoco a gente que me vea como individuo y no como engranaje o como estereotipo. No me miro a mí misma como al resto de la gente, y eso en verdad está mal porque te lleva a errores de perspectiva muy grandes.
Es curioso lo que me influye una tontería aparente como notar que alguien me ve y se alegra. Fue muy fuerte el otro día en Granada: casi nadie me había visto embarazada todavía. Entonces caí en todo el tiempo que llevaba sin verles, lo rápido que pasa todo... sí, vine en primavera... sí, pero el siguiente viaje fue a Barcelona, luego os fuisteis por el verano... en verdad ¡acaba de empezar el curso! En un mes estamos en Navidad, y de repente, ahí estoy yo, casi el doble de grande, y mi niña, de cero a estar casi lista para salir. Toda una eternidad, pero sigo siendo Lucille, y no "la secretaria embarazada, esta morenita".
Me di cuenta de que lo que echaba de menos existía todavía, y podía aguantar el paso del tiempo. No es poco.
Y de nuevo que ahí, en el fondo, también estaba yo, a pesar de cómo me vea toda esta gente que, día a día, sigue sin saber nada de mí.
Mientras, la niña se mueve en su pequeño espacio y yo paso más de cuarenta horas a la semana viendo básicamente las mismas tres caras. Y sin embargo, soy feliz esperando. Y me doy cuenta del miedo que tengo, y de la impaciencia a la vez. Es un proyecto que va a salir adelante, que está necesitando su tiempo. Me está enseñando a esperar, y a ser feliz esperando, a disfrutar algo aunque aún no lo tenga, a preparar las cosas con antelación. Y esto es importante, porque como sabes no es el único proyecto que, literalmente, estoy gestando. Peso, incomodidad, inseguridad, pedir ayuda (¡yo!). Eso y pensar a medio y largo plazo, son cosas que hasta ahora se me han dado muy mal.
Cual solamente puede ser libre, en esta tierra, en este instante
Y al final, de lo único de lo que no puedes liberarte (o librarte) es de las cosas que llevas contigo, y según cómo caiga el día son cal o arena, pero siempre parte de ti. Lo mismo me hacen feliz que infeliz ¿qué hago con ellas? Perfeccionismo (que te lleva hacia delante, porque siempre hay algo que mejorar; que te deprime porque lo que es bueno está siempre aún sin acabar, nunca es suficiente, siempre pudiste haber hecho algo más). Verte a ti mismo no como una persona como las demás, sino como el producto de tu propio esfuerzo, y por tanto en constante evaluación. Idealismo (¿qué hay más importante que la gente? ¿y un mundo mejor, no sólo para los que lo pagan? pues parece que muchas cosas). Y la gente a la que quieres, que siempre está contigo y uno desearía que no fuera una metáfora tan a menudo. Y así, intentas vivir en esta tierra, en este instante, y ser feliz, y que nos perdonen los muertos, y nosotros mismos, por esta felicidad.
L.