llevo todo el día con la sensación

de que fueran las siete de la tarde. Salí de casa a las doce del mediodía, después de haber tomado una ducha de una hora. Hacía sol. Pero era tristón, como en esos días de otoño o de invierno, al atardecer. Cuando miras a través de la ventana y lo ves todo iluminado, pero sabes que si se te ocurre abrir la ventana dejará de ser bonito porque te helarás con la brisilla que entra.

Llegué al laboratorio (o a my office, como últimamente lo llama mi coordinadora). Y me puse a trabajar. Y resultó ser uno de estos días en los que tienes tantas cosas que hacer que sabes que no te dará tiempo a hacerlo todo. Pero que a pesar de ello, las apuntas en la página de hoy de tu agenda, para ir tachándolas. Lo mejor de terminar una tarea es tacharla en la agenda, desde luego.

Lo de comer cuando trabajo lo llevo regular. Porque lo más cercano es el comedor universitario. El concepto no es muy atractivo ya de por sí, con lo cual normalmente no me apetece ir allí. Además a esto habría que sumarle los días que no sé si me dará tiempo a ir a comer. Porque cuando la coordinadora me dice que a partir de las doce tiene tiempo, significa que a lo mejor, a la una y media, tiene un rato para discutir lo que proceda ese día.

Si mi madre supiera que como a base de bocadillos, fruta y taperwers de la tortilla que me sobró el día anterior...

Hace un rato miré el reloj, y me sorprendió. Yo pensaba que ya sería tarde, pero en realidad era esa misma sensación que he tenido todo el día. El sol hace brillar las hojas marrones de los árboles, pero lo hace como si le diera vergüenza subir muy alto en el cielo. Lo hace de lado, con luz cálida pero tenue. Como si tuviera tan asimilado que es otoño que tuviera que demostrarlo a todas las horas del día.

Parece que fueran las siete de la tarde, pero a las siete de la tarde, ahora que me acuerdo, ya es de noche. Me quedan cuatro puntos en la agenda. Creo que haré otros dos y me iré a casa. Son las tres y media, pero tengo la sensación de llevar aquí todo el día. Tal vez sea por esa sensación que la vida en las calles de Alemania, a las siete de la tarde, desaparece.

sabaoth, 27th October 2005, Thursday, [03:34-03:58] @ y luego la cuidad duerme