La primera vez es lo típico que te cuenta todo el mundo: "anoche estuve con un tío". De esas cosas que no tienen la mayor importancia. Teniendo en cuenta, claro, que yo tuve que aprender a comportarme en esa primera vez escuchando experiencias ajenas. Tantas veces había oído aquella frase sin importancia de "anoche estuve con un tío" que de verdad me creí que no tenía importancia. De hecho, cuando me pasó, pensé: "anoche estuve con un tío". Me dio su teléfono. Y qué. Yo no le dí el mío.
La segunda vez deja de ser tan típico, porque de esas historias se oyen menos. Líos de dos noches. Pero en definitiva, parecía no tener importancia. Me dijo llámame cuando vuelvas
, y eso hice. Le llamé y nos volvimos a ver.
La tercera vez se convierte en problemático. No el hecho de repetir en sí, si no el hecho de que siga sin tener importancia. Porque además, no es el típico choque casual. Era un llámame cuando vuelvas
más sentido que espontáneo.
Por eso me pensé tanto la cuarta. Y tanto me lo pensé, que cuarta no hubo. Y no porque la demás gente del botellón no me animara con los oh pero qué guapo
estándares, porque de esos hubo muchos. Cuarta no hubo porque cuando te dicen que estás muy guapo cuando sonríes, te das cuenta de que habéis pasado la raya. Que deja de ser un juego de dos, para ser un estás jugando con él.
Que no es lo mismo.