demasiado

Sobre "hasta aquí"

demasiado tarde y demasiado largo como para comentar algo coherente...

sabaoth, 11th October 2005, Tuesday, [13:07-13:08] @ y volver, volver, vooolveeer

hasta aquí

Pues sí, hasta aquí hemos llegado sin escribir: tenía miles de ideas, pero nunca me pillaban con esta pantalla azul delante. Siempre: cuando llegue a casa, pondré que... (insertar pensamiento del instante) y luego, nada. A veces resulta difícil escaparse de lo inmediato para dejar constancia, de alguna manera.

Cosas que pasan.

Pues en general, va avanzando el embarazo y tengo ganas de escribir algo a la pequeña Jedi que se acerca. Cada vez pesa más (ayer, más de mil trescientos gramos sólo ella) y más que va a pesar hasta los más que posibles tres mil y no sé si probables cuatro mil.

Mientras P ha ido y ha vuelto de Polonia, en cuyo camino se tomó un par de cafeses si no me equivoco con Sab, y en esa semana he tenido tiempo de pensar muchas cosas. Es una semana en la que debería haber escrito más aquí, pero gasté todas mis energías en una larga carta... no sé cuánto de ella pega en realidad poner aquí tal y como está escrita, porque da por supuestas demasiadas cosas... incluso para este diario a dos voces, muchas veces (lo sabemos) tan críptico. Intentaré, no sé si ahora, que las ideas interesantes también estén aquí.

Pues esa semana de ausencia fue interesante en muchos aspectos, sobre todo en lo que se refiere a la sensación de controlar mi vida y lo que pasa en ella. Una semana de coger el autobús, de hablar con la gente, de andar sola por la calle. Ayuda a pensar, a ver cosas distintas. Para bien y para mal.

La primera cosa que vi es que normalmente salimos de casa cuando los niños ya están en el colegio y los estudiantes en clase. Así que todo parece vacío. Saliendo media hora antes, sin embargo, se ve una distinción a un lado y a otro de la avenida. Especialmente esa semana, que empezaban las clases.

A un lado, está el colegio: gente de mi edad, o mayores, con niños de la mano, niños en brazos, niños de paquete en la bicicleta, niños bajando de coches, cruzando la calle, corriendo con mochilas, carritos, bolsas del almuerzo... Al otro lado, gente de mi edad, muchos mayores, no tantos menores, yendo a clase de una ingeniería u otra, de empresariales, a la biblioteca, entrando directamente en la cafetería de la facultad. Y unos van por un lado de la avenida, y otros por otro.

Me pareció curioso.

En el autobús, las veces que he ido, me he encontrado con una chica muy maja y su niño pequeño... va con pañuelo pero tiene un acento que me suena vagamente canario, detrás del murciano normal. Estos días he caído en que quizá sea de Ceuta, o de Melilla, pero no me pareció educado preguntar. Es un encanto de mujer, no como las niñas de dieciocho años en mono azul, que son, si alguien me pregunta (o no), lo peor.

He encontrado un poco de la carta que explica la sensación que va corriendo de fondo desde hace un tiempo (y de la que creo estar saliendo). Quizá haya cosas que no se entiendan, de todas maneras.

Ya sabes, hay ratos que me como el mundo y ratos que es como si el mundo me estuviera digiriendo un poco. ¿Por qué últimamente siento a veces que el mundo me puede? No tengo ni idea. Quizá nunca hubiera intentado tantas cosas a la vez (o cosas que me agotaran tanto psicológicamente). O quizá esté asustada porque pronto llegará la Jedi y ya no tocará pensar en mí.

Me asusta que yo que siempre tuve tan claro lo que quería, de alguna manera, y ahora me encuentro segura de que (a) efectivamente he tomado todas las decisiones que me parecían correctas de (b) entre lo aparentemente posible... y poco a poco, no sé, resulta que van y eran lo que la gente esperaba de ti, es "lo que la gente hace". Estudia, se casa, tiene un niño... ¡vaya, y yo convencida de que cada uno de los pasos era rompedor! Siempre pensando que me estaba rebelando contra algo, para al final encontrar que tus decisiones parecen, externamente, calcadas a las de cualquier otro.

Y siento esta tirantez entre lo normal que parece todo, y lo normal que se sienten algunas cosas, y lo poco normal que es en miles de millones de sentidos. Y no sé a veces cuáles son los normales buenos y cuáles los malos.

A lo mejor al final es todo cuestión de la energía con la que uno se enfrenta a las cosas, la capacidad que se ve a uno mismo para seguir adelante, tomando las decisiones que crees que te van a llevar a vivir mejor, o a seguir viviendo mejor. Y cuanto más cansado estás, ves a más corto plazo.

Ésas son algunas de las cosas que me pasan por la cabeza, en algunos momentos. Hubo un instante, una semana, cuando las cosas del Proyecto Vital Número Dos (empresa) parecía que iban a arrancar de todas todas: el pago del congreso; el encargo del chico este (que no volvió a dar señales de vida y en parte es culpa mía por no llamarle constantemente); la página web del compi de P... De repente, demasiado trabajo como para que fuera una casualidad, parecía una auténtica señal: ahora, ahora, ahora. Pero no. Necesito más tiempo. Quizá lo que necesite sean nueve meses más que antes, quizá un año, porque ahora tenemos el Proyecto Vital Número Uno (Jedi)... y porque quizá, después de todo, no haya que darse tanta prisa como hasta ahora.

A veces me lo pregunto así ¿qué prisa tenía yo por acabar la carrera? ¿Qué gran cosa esperaba que pasara después? ¿Qué gran cosa estábamos esperando que ocurriera al dar la vuelta a la esquina, para ahora encontrarnos que detrás hay... otra calle más? ¿Es ése el problema? Quizá el futuro es ahora, la felicidad es ahora.

O quizá sea esta la calma antes de la tormenta, y después se vaya todo al carajo en una pedazo de revolución, y estemos asustados y extáticos en realidad, y felices, porque algo nos ha quitado ese peso de encima, el de pertenecer a una de esas generaciones de calma, los felices años veinte, o los años de filosofar sobre el papel o el píxel en vez de sobre las ruinas de la normalidad anterior. El sabernos distintos sin tener que preocuparnos demasiado de que como tenemos lavavajillas, ya no podemos parecernos al Che, ni a Sandino, ni a Silvio, ni a los Beatles, ni a los que corrían delante de los grises y ahora nos miran por encima del hombro, porque no tenemos un malo muy malo al que odiar y contra el que luchar en baretos cargados de humo, entre cafeses y risas conspiratorias, y no compartimos nuestras novias con nadie o casi nadie según los casos porque la tierra, coño, para el que se la trabaja.

Porque no estamos lo bastante reprimidos (ni en las -pfff- nacionalidades históricas) como para que ir contra la corriente sea otra cosa que ser el que más pringa, el que más protesta, el que más por saco da por los cauces que hay, sin halo romántico alrededor, porque resulta que desde que no estar de acuerdo no está prohibido, parece que mola menos.

Y esto sin entrar en el tema de esas organizaciones en las que estamos y participamos en las que una organización seria, con sus ruedecitas girando unas contra otras en un orden lógico va en contra del propio concepto y está mal, y hay que ser más anárquicos y horizontales porque si no se traiciona al espíritu del movimiento, aun a pesar de que las cosas no funcionen. Pero eso, como siempre, da para otro día.

lucille, 06th October 2005, Thursday, [21:55-23:19] @ ahora quiero que comentéis a muerte - porfa -