De vuelta en Edimburgo, me pregunto por qué tantas calles, tanta gente, ciudades y países distintos me hacen sentir en casa al llegar, cada uno a su manera, con sus olores, ruidos y persianas. ¡Y achuchar al nene all night después de dos semanas!
Estos últimos meses han sido una locura. Ahora, por fin, llegó la calma, y una sensación de no saber ni dónde estoy ni cuál es la mejor de todas las opciones que puedo inventar para mi vida a partir de ahora...
Lo que está claro es que cada uno se inventa la vida que tiene. Tomar las riendas da miedo, though. Lo dice alguien que la semana pasada pasó dos noches llorando. Acojonada, es la palabra exacta.
Los ensayos fueron fatal. Me temblaba la voz, me entraba la risa; se notaba el cansancio de no dormir. Luego llegó el momento y todavía no sé ni de dónde saqué las fuerzas para salir adelante.
Después, la sorpresa: me pusieron un nueve, me mimaron como a nadie en la defensa, piropos... yo qué sé. No estaba preparada. No sabía dónde meterme. Yo esperaba preguntas difíciles, no sé... Hoy recibo un mail del supergurú traductivo que rima con primaveral y que se inventó unas cuantas dicotomías on his very own y me dice que mi creatividad es tal y cual, y que la explote y no sé qué otras eye-widening cosas impensables. No me sobrepongo. I am totally bewildered.
Nunca me había sentido de verdad de la buena como la carita sonrojada de los smileys del messenger, pero contentísima a la vez.
Se me ha pasado un poco, menos mal, en clase de highland dance, sudando como una cerda, en chandal, entre una fila de cerdas, en mallot. Este es el cuarto trimestre que sigo en Highland Beginners. Y ya hoy le he dicho a la profe que joder,¿tan mal no lo haré? Pásame a Highland Intermediate ya, ¿no?
Y se ha reído la tía zorra.