mariquitas y contrastes

Al final el domingo vi la colcha de mariquitas que está haciendo mi madre. Son unas mariquitas muy poco políticamente correctas: en el centro, mariquitas borrachas. Luego mariquitas dándose un beso (y sale un corazoncito). Una mariquita jinchándose a pastel. Una mariquita dándole vueltas a un café que es más grande que ella. Me decía mi madre:

- Y porque no hay mariquitas fumando, que si no también pondría una. ¿A ti no te molestaría, no?

- No, el dibujo de alguien fumando no es como si alguien fumara de verdad. Estaría graciosa.

Y es que, le contaba, me he dado cuenta que desde que dejé la facultad (sigh) ya nadie fuma a mi lado casi nunca, y cada vez estoy más desacostumbrada (y me molesta más, claro). En fin, tampoco es plan de echar de menos una cafetería / mazmorra llena de humo, y sus tostadas y sus biofrutas, cuando en realidad y según me cuentan, ya no existe. Bueno, un poco de nostalgia se me permite.

A las futuras abuela y bisabuela se les ha ido la pinza comprando miles de cositas monas para la peque, desde gorritos de lana con puntilla hasta sábanas de carricoche, pasando por jerséis, camisetas interiores y hasta un pijama rosa. Mi madre de repente se dio cuenta de que estoy de seis meses, y que la cosa es más menos inminente. Me dice:

- No vaya a ser que llegue la niña y no tenga nada que ponerse, la pobre.

Y es que hasta ahora sólo tenía una camiseta friki de Star Wars, una del Parlamento canadiense, un jerséi, unos patucos y unos calcetines de mariquitas (curiosamente, regalo de la becaria de P).

Es curioso ver todas esas cosas. Son tan... tangibles. Quiero decir, el hecho de que no me vea los pies (curioso, curioso), la barriga, el cansancio, la acidez, las pataditas y la foto en 3D son tangibles, pero no de la misma manera.

El contraste viene porque anoche salimos con los padres de P a una cata de vino y gastronomía de Murcia en los famosos huertos del Malecón. Compras un ticket y te dan una bandeja, una copa (de cristal, ya para ti), tres vinos, cuatro tapas y un comodín que puede ser café (del bueno), vino o tapa. Al final nos dieron a probar miles y miles de vinos gratis, hablamos de vino por los codos, compramos vino, catamos aceite, un bacalao en salsa de canela y dulce de cebolla, migas, y cienes y cienes de cosas que estaban que te mueres y todo el mundo (menos yo, que probé vinos pero menos, claro) acabó bastante regular pero feliz de la vida. Esta mañana a las seis y mucho ha sonado el despertador y nos hemos venido a casa (porque Pablo dijo que no conducía de vuelta, que se sentía cansado... hmrmpf ;-P). Y por fin parece que la cosa va tomando forma: quizá dentro de tres o cuatro días pueda decir que está ordenada e incluso enseñable. Quizá entonces haga fotos.

En la feria me encontré, por cierto, con un chaval muy majo de aquellos intercambios míticos con Inglaterra. Comentábamos que la última vez que nos habíamos visto, ni siquiera podíamos beber legalmente. Nos encontramos con una copa de degustación de vino dulce (un Monastrell, creo) en la mano, yo de seis meses y él camino de ser nefrólogo...

lucille, 11th September 2005, Sunday, [22:23-23:16] @ qué cosas