Para Fede

En mi ocasión, estaba yo

[de pie con mi vestido azul nuevo, en tacones... El vestido que me compré en Inglaterra el año antes de liarme con María la primera (una de mis Marías), el vestido que hacía que la gente me hiciera mucho caso]

Era el año que me había liado con ella, y con el porrero más jevi de mi instituto (él, que quería ser una mezcla de Morrison, Cobain y Corgan).

Y también estaba yo,

[en el suelo, con las piernas cruzadas y las primeras gafas que me quedaron bien, un libro abierto, la falda que nunca me compré… hasta este año cuando de repente la nada la hizo aparecer en la sección premamá]

Era yo la del vestido azul en el que la gente me hacía caso; era yo con la sonrisa no profident, sino duralex: irrompible. Era yo en mi talla 38, mis 49 kilos, mi media melena a lo Mia Wallace. Era la yo capaz de pedirle salir al mejor amigo de P (él ya no me hablaba, de todas maneras). La yo que se volvía agua con los músicos, los jevis, las poperillas y los escotes.

Era también la yo de las gafas; la yo que sonreía ante más libros que personas. Que siempre tenía uno por escudo y refugio del mundo (que era una mierda) y los demás (que eran muy obviamente gilipollas). La que no sabía si quería ser Aliena o tirarse a Aliena. La que soñaba con hacer que las gafas de Pérez Reverte se deslizaran de su nariz, en algún lugar contra la pared, en las bambalinas de cualquier conferencia.

Pero las dos eran yo.

Mis dos yos de quince años se miraron con un desprecio infinito.

– ¿Qué lees? – dijo la de la sonrisa.

– Aunque te lo dijera, tú no lo comprenderías.

No quiero ser una estúpida, parecía decir la mirada triste tras la sonrisa.

Yo tampoco, respondía la otra, volviendo al libro.

lucille, 27th July 2005, Wednesday, [05:51-05:59] @ The most important things are the hardest things to say. They are the things you get ashamed of because words diminish your feelings - words shrink things that seem timeless when they are in your head to no more than living size when they are brought out (Stephen King)