y me sigue gustando ahora. Porque bueno, yo hace tiempo que sé lo que quiero. O que creo que sé lo que quiero, y soy coherente con lo que quiero, o con lo que creo. Por eso todavía, a pesar de haberme prometido no mirar más joteplines y distanciarme todo lo que pudiera, me sigue apretando algo en el estómago cuando entra. Todavía no se ha cambiado el nick desde aquella la primera noche. Todavía es Yoshi.
No sé... a veces pienso que ojalá las cosas hubieran salido de otra forma. Otras veces pienso que todavía no sé cómo van a suceder las cosas, y que por tanto a lo mejor no es bueno arrepentirse de cómo salieron las cosas. Que a lo mejor las cosas terminan mejor de lo que yo creo. Ya no digo entre él y yo, sino entre yo y cualquiera. Al fin y al cabo, no sé cómo de feliz seré en mi próxima relación. A lo mejor infinito más de feliz que si fuera con él.
Pero a día de hoy lo que hay es un nene que se montó un teatro enorme el mes antes de que yo bajara a España. En el que le decía a todos mis amigos que me conocía; en el que se pasaba horas hablando conmigo. Cosas que podían significar una cosa u otra, pero en cualquier caso al muchacho parecía que yo le importaba. Y se hacía querer. En realidad es una persona a la que es muy fácil querer. Y aunque yo decidí un día que intentaría evitar a las personas a las que quiere "todo el mundo" porque son "muy fáciles de querer", me comí mis palabras esta vez. Y me ilusioné. Y me parecía superbonito ilusionarme, después de mi última relación-sin-ilusión.
Y en realidad mi ilusión... bueno, a quién voy a engañar: en realidad mi ilusión era la que era. Aunque una vez aquí y visto el plan, me hubiera conformado con que me hubiera dirigido la palabra. Pero en algún momento en el primer fin de semana que yo estuve en España en abril, él decidió que yo no iba a formar parte de su vida. En contra de todo lo que había dicho anteriormente.
Ah, es que tiene dieciocho años. Y por lo visto los niños de dieciocho años se reservan el derecho de hacerle daño a la gente, porque como no saben lo que quieren, pues se aclaran según suceden las cosas. Y si te toca que te den un palo para que se aclaren, pues te ha tocado.
Pues valiente mierda. Ahora que lo pienso, yo también tuve dieciocho años y también le hice daño a alguna gente, por no saber lo que quería.
Aunque todo lo anterior es independiente del hecho que me joda tela que sea tan soso conmigo. En fin.