No es que no estén pasando cosas: es que están pasando todas a la vez.
No es que no tenga el cuerpo lleno de emociones: es que tengo miedo de abrir la boca y que salgan todas, cuando ahora son sólo potencialidades.
Hoy han pasado mil cosas: he salvado rosas de ser hechas pedazos por una sierra eléctrica.
Casi le hago tragar la misma a un compañero de trabajo.
Hoy, por primera vez, me he reconocido a mí misma que le odio. Que no le puedo ni ver.
Hoy le he dicho un montón de cosas a la cara, gritando.
Hoy he llorado en el trabajo, delante de mi jefa.
Y he seguido adelante. Hoy he hecho cosas, y me he planteado miles de cosas.
Aun así, mañana será un día normal. Y al otro. El continuo de normalidad se mantiene.
Hoy he vuelto a recibir un email. De esa persona. Y otro. De esa otra. Y ninguno de los dos es amigo, ni futuro nada: son ilusiones, de alguna manera son distracciones de la realidad. Hace tanto tiempo que no miro la realidad, que ya no sé ni qué aspecto tiene.
A veces pienso (últimamente) que debería haberme quedado en Granada: coger un trabajo por las tardes y hacer Bellas Artes por las mañanas. Retrasar este momento de ahora qué tan estúpido: darme más tiempo para hacerme mayor. A veces, cuando todo el mundo te trata como a un crío, te hundes. En mi caso, al menos. No hay nada que me joda más, y desde hace muchísimo tiempo. Y sin embargo a veces me dan ganas de sumergirme en esa inconsciencia... porque a veces, miro hacia delante y no veo más que variaciones del presente. Y asusta, de alguna manera, porque mirando hacia atrás esperaría ver más cosas.
Y al final, la frase que intento siempre contestar en las cosas que me rondan la cabeza; la pregunta del millón; la que no me haría si hoy no hubiera sido hoy: ¿quién va a resultar que soy? ¿a dónde voy a parar / seguir?