Así de casualidad. Va a ser que si sale mucho caldo, es sopa. Si sale caldo denso, es puchero. Si sale caldo denso y escaso, es salsa, y si no sale caldo, es que has puesto el fuego muy fuerte.
Tenía ahí unas salchichas que no había quien se las comiera. Las compré porque me apeteció un perrito caliente un día. Pero re-descubrí que eran las salchichas que estaban más malas de todo el Pennymarkt. No me acordaba que ya las había comido. Y como me daba cosa tirarlas, pues digo: vamos a camuflarlas con unos champiñoncitos sofritos y un poquillo de tomate natural.
Claro, al final sabía a tomate con champiñones y cachos de salchicha perdidos. Pero estaba bueno.
Han llegado los erasmuses nuevos. Y se me ha activado el chip. Alarma, alarma, nivel de hormonas elevado. Hay uno que... bueno, que medio cuela. Porque el patio está muy mal. De todas formas, va a ser lo que todos son por defecto. En fin, qué le vamos a hacer.
Incluso he tirado de buscamariquitas. Para arreglar lo de las hormonas, me refiero.
Este pensamiento es un truño. Lo empecé a las cuatro de la tarde, son las dos de la mañana - del día siguiente - y aún no lo he terminado. He hecho miles de cosas en medio. Ir al cine a Frankfurt, pasearme en bici, tomar unas copas en un bar con los erasmus nuevos mientras el chico del fondo me miraba y yo le miraba a él...
De todas formas, hoy no ha sido un día muy bueno. Creo que mis nuevas amigas me están pegando la depresión.
Ya te contaré por Jabber. Estoy tan desganado que ni siquiera me apetece contarlo por aquí.
Yo lo que tendría que haber hecho es haberme quedado en el bar con el alemanito que me gustaba, que tenía pintilla y que me miraba. Mira, ahora caigo en lo que me pasa hoy.