Y me ofrecieron un puesto de florista.
Lo cual es curioso, no sólo por el concepto, sino porque al pensarlo me dije ¡es cierto, me apetece! De hecho, es uno de las artesanías que me gustaría más, de todo lo que no tiene que ver con los ordenadores ni los idiomas. Eso y la carpintería, con todo ese olor a madera, serrín, la transformación de los distintos elementos...
Lo pensé y me dije: sí, la verdad es que molaría mil. Aunque seguramente es una pena, porque no creo que esta mujer esté hablando en serio: simplemente se alegra de que le esté resolviendo todos los problemas que (según me dijo) el día anterior le habían llevado hasta a llorar.
Ya me voy haciendo una idea del proceso estándar de abrir una tienda al público.
Es curioso y emocionante cuando la gente está empezando. Tiene un punto mágico. Y realmente, ser intérprete es lo que más me gusta de este trabajo. En un segundo orden de cosas, me pregunto si tendrán ya pensado lo de la página web. Hmm... atento Sab, quizá aquí haya algo para the Subtrama team.