Volver a dónde. A dónde he vuelto. ¿He vuelto realmente? ¿O he venido, para luego volver?
Se supone que debería tener unas ganas terribles de ver a la gente de nuevo. Que debería estar mil de ilusionado, porque estoy de nuevo en casa. En mi casa de la aldea, en mi casa donde empezó mi vida de verdad.
Me pregunto por qué no tenía esas ganas terribles de ver a la gente de nuevo. De dónde viene esa apatía, ese me da igual, esa poca ilusión. Llego, veo a mis amigos, me despido.
Por otro lado está el nene.
Conclusión después de la conversación con NdelT. Supongo que en esta vida hay gente que te atrae y gente que no te atrae. Y que no hay nada más estúpido que esa sensación en el estómago cuando vas a ver a alguien. Pero que la atracción no son matemáticas.
Frase cuando se lo conté al Niño-de-los-ojos-azules. Si no estoy ilusionado al principio, cuándo lo voy a estar.
Ilusionado, emocionado por la novedad... ya sabéis. No eso que me entra a mí con los griegos, sino esa emocioncilla de estar empezando algo nuevo; esa cosilla cuando te llega un mensaje... De todas formas, seguiré dándole tiempo al tiempo. Si acaso debería dejar las cosas claras, porque yo cuento, pero él también. Pero es que no sé cómo dejar las cosas claras... Sin decir burradas.
Tengo ganas de llamarte, es tarde y no encuentro tu teléfono.