Así es la Navidad, históricamente, en Atlantis. De repente nos absorben otras cosas. Esas cosas se llaman fiestas.
Ayer me llamó Lecce: está con NdelT y te iba a ver. Yo estaba haciendo cordiales (que son unos dulces típicos de Murcia que llevan almendra picada, azúcar, canela, limón y cabello de ángel... y el cabello de ángel es un dulce hecho de calabaza confitada). Son una bolita rellena sobre una oblea, también conocida como hostia, sin el menor rebozo. Las almendras y los limones son del huerto de la familia de P
(¡yo también quiero tener un huerto! Yo también quiero tantas cosas... y no se le pueden pedir ni a los Reyes ni a los presidentes),
así como la caja de naranjas que llevamos en el maletero. Después de hacer lo menos 13 llandas (bandejas) de dulces, las llevamos al horno del pueblo y estuve hablando con la panadera mientras las cocían. Tenían un horno de leña más grande que el cuarto de un subdirector (si fuera redondo), (si fuera redondo el cuarto, no el subdirector). No sé por qué me viene a la memoria que en la fiesta del cole (oh, sí, oh, fui) vi al subdirector mafiosillo por excelencia y está aún más esférico. A costa de repetirme, (no sé si lo he dicho ya) reproduzco un fragmento de conversación:
- Pues ahora soy amigo de tus amados Planetas.
- Pues ahora no me gustan Los Planetas
O bien,
- Todavía me debes un cuento.
- Pues te puedo contar muchos... Te puedo contar el cuento de cuando me lié con una empleada de Google en el Soho, te puedo contar el cuento de cuando me encontré con mi supervecina en el metro y no la reconocí; te puedo contar el cuento de que me estoy comprando una casa... Te puedo contar muchos cuentos, pero si quieres, te lo sigo debiendo.
O quizá,
- Gracias por venir, por no tener miedo de subir a mi cuarto.
- ¿De qué iba a tener miedo? Hay una diferencia entre la niña que te subiste de la subasta...
- Y vendí a la hija de (nombre de político famoso)
- Sí... y la vendiste...Y yo ya no soy la misma.
- ¿Qué eres ahora?
- Pues... una niña no, una mujer, y no te tengo miedo ninguno. ¿Qué es lo peor que me podrías hacer?
Acotación: éste es el momento en el que reflexiona, suda un poquito y responde:
- Nada.
- Eso es.
Yo también podría contar más cuentos sobre la conversación, podría añadir incluso, espera, que ésta era buena:
- Siempre me haces lo mismo, una de cal y una de arena. Aquella noche y luego la noche del cineclub. [Acotación: demasiado largo de explicar; pero es curioso que él considere una afrenta el haberse portado como un hijo de puta con su ex, mi amiga, delante de mí]Una buena y una mala.
- Sí, pero es la arena la que hace que se sustente la cal.
Sí, mucho tipiqueo: como se puede ver, yo también sé chulear, si me lo propongo...
En teoría esto iba a ir de la Navidad, de que no escribimos, bla, bla, bla... y ha acabado yendo de otros tiempos y de otras cosas.
El caso es que ayer estuve horneando dulces con mi oficialmente nueva familia, y además probablemente cerré el trato para la reforma de mi casa... Todo esto se verá en el año nuevo. Quizá esté todo acabado para mi cumple. No necesito plantearme objetivos para después de Nochevieja... tengo tantas cosas planeadas de antes...
PD: A ver si este año, de una p* vez, aprendo a cantar.