en los que las cosas son raras.
Es que no puedo decir más: son raras y punto.
Desganado, desorientado, todo el día pensativo (que no triste) y sin motivación por nada. Creo que no he contado que a) me he pillado unos patines en línea por 50 que molan mil, son K2 y valían 130 antes; b) me he pillado unos patines de hielo por 50, que no sé si son buenos o malos pero que con ellos vuelas. Ah, y que mañana me voy a patinar sobre hielo. Otra vez. Y que patino para atrás que te cagas. (¿Nos vamos en navidad a la pista que debe haber al lado del Neptuno, Lu?)
Como sea, se supone que no me faltan razones para ser feliz. Se supone que tengo más razones que hace un mes para escribir sobre flores, sonrisas, rayos de sol y alegrías.
[Me voy a windows, que quiero bajar unas cosas con el emule.]
[Ya.]
Como decía, se supone que debería ser feliz. Ya, claro, eso. Es que las cosas nunca son lo que deberían. Al menos cuando programas. Mira, que estoy hecho un lío, que no sé ni lo que quiero ni lo que me pasa. Intuyo que el nene tiene algo que ver. Intuyo que no estar haciendo nada en términos académicos también tiene que ver. Pero sólo intuyo, no sé.
Lo que sé es que mañana me voy a la ópera, que echan El barbero de Sevilla de Rosinni, y no me lo quiero perder. En verdad creo que es el ensayo final, o algo, porque pone algo de "prueba" o similar en alemán.
Qué guay, empiezo a hablar en alemán.
Además mañana voy también a patinar. Después de poner la lavadora que pondré al llegar de la ópera.
Todo esto está muy bien, estoy muy ocupado, tengo muchas cosas que hacer. Pero... ¿sabes una cosa? Tengo ganas de llegar a España.