Ángel existe incluso en contra de mi voluntad. Digamos que cuando consigo olvidarme un poco de él, vuelve a aparecer, a entrometerse en mi vida, de forma que yo no puedo hacer otra cosa que volver a prestarle atención.
Es como si esa ilusión robada nunca terminara de marcharse. Como si el que se la lleva me la quitara para dejarla abandonada un poco más adelante. Como para que la volviera a coger.
Ángel, que después de los últimos acontecimientos estaba un poco más distante, vuelve - en la imagen que adoptó al principio de curso (ver 'después de la tormenta...' e 'ilusiones robadas' para más información). Aunque, no sé hasta qué punto sigo interesado en acoger la ilusión que tuve en su momento. No sé si es escepticismo. Generado acaso por el gran número de desilusiones que he tenido a lo largo de todas las formas de Ángel, o por las pocas esperanzas que siempre he albergado. Puede que sea también instinto de protección. Porque realmente volver a ilusionarme con una de las figuras anteriores de Ángel sería muy estúpido por mi parte. Si una vez me dejó, ¿por qué no iba a hacerlo más veces?
No sé si me explico... Ángel aparece, me llena la vida de esperanza y de felicidad y me abandona. Se transfigura y vuelve a esperanzarme y a ilusionarme, para volver a desaparecer. Hasta que encuentre otra forma mejor de materializarse.
Igual es que estoy ya hasta las narices de que todas las ilusiones que Ángel me ha traído se me hayan escapado de la misma dolorosa y amarga forma.