se suponía que...

cuando terminaran todos los cambios previstos de principio de curso, uno iba a estar estable. Que todas las ilusiones generadas durante el verano de volver a ver a los amigos, de compartir tu vida con ellos, se iban a realizar.

Lo que no entiendo pues es este sinvivir. Parece como si todo fuera monótono, muy en contra de mi voluntad; como si en realidad no hubiera habido ninguna ilusión por volver a estar aquí después de haber pasado todo el verano fuera. Me aburro. Pasan las horas sin que ocurra nada interesante. Y me pregunto en qué medida todo esto no es culpa mía. Porque, para variar, vuelve a pasarme lo mismo.

A ver si me explico...

Un Amigo muy sabio me dijo una vez que buscar alguien a quien querer, a quien amar, es un poco como buscar un tesoro hundido en el mar. Somos buzos que rastrean los abismos marinos, en busca de ese cofre preciado cargado de riquezas. Y que, de vez en cuando, encontramos por casualidad un cofre, que promete ser aquéllo que buscamos, nuestro tesoro apreciado. Y nos acercamos, investigamos, para comprobar que efectivamente es el cofre que nosotros buscamos, o si se le parece. Al abrirlo... puede que sea nuestro tesoro o simplemente un viejo baúl lleno de baratijas que se cayó de un buque mercante.

A veces creo encontrarme con el cofre que ando buscando. Lo peor de esto es que cuando creo encontrarlo, se altera tanto mi vida que a veces me asemejo más a un fantasma que vaga en busca de consuelo que a una persona. Porque sólo vivo para tenerlo, en tal medida que mi vida sin él no es tal. "Es el sueño que se ha vuelto una obsesión", que dice Ana Gabriel.

Quizá esta obsesión sea lo que lo enrarece todo, lo que tergiversa la realidad hasta hacerme creer que no puedo estar sin esa persona que deshace mi vida y la reconstruye con la misma facilidad que se sale y se entra de una habitación.

sabaoth, 07th October 2003, Tuesday, [07:06-07:30] @ en... ¿casa?