Pues sí. Quién iba a pensar que sólo con presentarse a dos exámenes facilísimos y entregar un trabajo que copié el día de antes (nada comparado a lo que hacíamos en la carrera) me iban a dar un puesto de trabajo.
Y es que el mundo es un timo. Cuando acabé el colegio me dijeron: "Sí, sí, pero ya verás, el instituto es más difícil. Hay gente que saca buenas notas aquí, pero luego en el instituto suspende...". Cuatro años después: "Ya, ya. Muy bien. Pero la universidad es otra cosa. Ya lo verás. Ahora tendrás que estudiar día y noche para sacarte la carrera". Así que cuando me dijeron: "¿Pero qué te has creído? ¡Unas oposiciones no se sacan estudiando el día de antes!" me fui haciendo el cuerpo a que a partir de septiembre estaría dándoles clase a una panda de niñatos en un instituto.
Al menos, según comenta todo el mundo: "La vida de funcionario es la vida mejor" (cooooooon la botella de ron) (Bayleys, en mi caso). Así que ya veré. Yo no me lo tomo como algo para toda la vida. De hecho, hay otras oposiciones en diciembre que supongo que me sacaré y que son para trabajar en los servicios informáticos de la junta. Pagan más pero tienes menos vacaciones y no hay que aguantar a los niñatos (porque si hubiera elegido otra carrera, es posible que en mis clases hubiera un buen número de niñatas también, pero la informática es cosa de hombres, según parece) (y, al parecer, Sabby y yo somos un ejemplo de ello).
Pues eso, que ya os contaré a dónde me mandan (con un poco de suerte no muy lejos).
¡Besos!