Durante todo el día fui consciente de que te tenía que felicitar (aunque no diré aquí por qué). Pero me tiré todo el día en el curro... me recogió P y hablamos hasta el cine. Luego un taco de rato en el coche sin cobertura... cuando llegué a casa me acosté, a pesar que durante el viaje había estado hablando con P de que tenía que llamarte, que además hay que hacer planes para el viernes. Sorry darling. Muac.
Y llegaron las fiestas del pueblo.
Para qué nos vamos a engañar: son unas fiestas cutres. Hoy ha sido la cabalgata de inauguración, o apertura. Después del solemne pregón de fiestas y el chupinazo de rigor. Viva Santana bendita. Por cierto, la patrona es Santa Ana, madre de la Virgen. Cae en 26 de julio, después del día de Santiago. El mismo día que el cumpleaños de Noséloquequiero.
Pero tienen su encanto... eso del ambientillo de la fiesta paleta, en el buen sentido de la palabra paleta. Los caballos en los desfiles, con jinetes ataviados con el traje de gitano; las carreras de sacos y el concurso de beber cerveza (englobadas en el macro-concurso denominado "todo es posible en Molvízar" que se celebrará mañana, religiosamente presidido por una de las presentadoras con menos carisma de la historia); la verbena de por las noches, con orquestas haciendo versiones malas de canciones de David Civera y Bisbal, que hacen lo que pueden para que los papás y los abuelos muevan el culo; los coches de choque, el máster mecánico (eso que tiene asientos en círculo que suben y bajan) y la olla; "el Pelotazo" (que viene a ser la única caseta para bailar que hay, si no contamos los chiringuitos) y por supuesto... las papas asadas con de tó (sal, pimienta, mayonesa, tomate, remolacha, zanahoria, maíz, aceitunas y atún: realmente es una ensaladilla rusa en toda regla) y el puestecillo de las hamburquesas.
Al menos el pueblo tiene vidilla mientras hay fiestas. Y viene gente (como PA, y mi niño el de Cartagena).
Yo sin novio y saliendo de marcha en las fiestas del pueblo, y tú pensando en... en... en fin. Supongo que no estaba ni estoy acostumbrado a que hagamos cosas tan diferentes.
Llegó PA, y hoy en el Alcampo he visto a SA. Estaba trabajando donde las cocacolas. Me pareció que era él... aunque estaba un pelín más... ancho. No mucho, pero es que en el instituto era un palillo. De todas formas, sigue teniendo esos ojos verdes preciosos que me dejaban tonto. En una de estas que estaba haciendo como que esperaba algo cerca de él, se me quedó mirando. Intuyo que fue porque me reconoció. Nunca nos habíamos cruzado una palabra; nunca nos habíamos sentado juntos - excepto una vez que él se sentó en el borde del banco en el que yo estaba sentado -, y esta no iba a ser la primera vez. Un "hola, R" hubiera sido muy ridículo, porque se supone que yo ni siquiera sabía su nombre.
No sabía si era él... así que disimuladamente - o no tan disimuladamente - pasé por su lado, y miré su identificación (la tenía colgada en el bolsillo del pantalón). R, que era lo que yo esperaba. Recuerdo que... llegué a tener hasta su teléfono. Que no usé, evidentemente. Recuerdo que... un 14 de febrero, aprovechando que se podían mandar cartas anónimas acompañadas de rosas en el instituto, le mandé una carta muy patética.
Como sea, al verle, se me pinzó el estómago. Es una tontería, lo sé... pero tenía hambre y se me quitó. Y se me olvidó todo lo que tenía que comprar en el Alcampo. Y cuando íbamos a pagar, él estaba allí, en la calle de abajo, colocando botellas de cocacola.
Y entonces pensé: bah, es una estupidez. Volver a ver a un niño del que te pillaste en el instituto de la forma más platónica que se puede imaginar.
Aunque... supongo que los recuerdos pesan más de lo que debieran. O de lo que uno quisiera.
Y es que, aún a día de hoy, tras cinco años... todavía me parecen hermosos todos aquellos sueños inalcanzables en los que R era parte de mi vida. En los que R era mi vida entera.