El otro día viniste a hacerme una visita (¡diox santo! ¡una visita! ¡llevas cuatro en tres años!) (y nunca vienes sólo) y estaba el piso que parecía el camarote de los Marx Brothers (los cuáles, según Calamaro, fueron probablemente los propulsores del comunismo). A ver si algún año de estos nos tomamos el café y me cuentas porque estás siempre tan tristón.
¡Un beso!