...pero es que tengo webcam y la tengo para usarla, y al principio eso de renunciar a ella, pues qué quieres que te diga, no me hacía nada de ilusión.
Y tampoco debe ser tan difícil, pensaba, crear un cliente para jabber que incluya (por favor, que nadie diga soporte porque eso sí que no lo soporto) la función de videoconferencia, que tanto me salva de estar lejos de los míos (y ver crecer a mi hermanito, que no es poco).
Total, que ahora estoy descargándome neos(r), que afirman incluye videoconferencia (una vez más, si hubiera comentarios pediría ayuda al respecto) aunque no sea 100% chachi-guay-lo-hacemos-gratis-porque-no-tenemos-bocas-que-alimentar. Aunque perjuren que es gratis. Más noticias en cuanto lo instale.
Otro logro personal de hoy ha sido conectar en LAN mi portátil con el de mi mon amour. Tarea no trivial, tratándose de sistemas operativos distintos y con todas las posibilidades de fallo de mocosoft elevadas al cuadrado.
Por supuesto mi teclado (snif) sigue sin aparecer. Todos quieren venderme cosas distintas ¡pero yo quería ese, con el ratón óptico de regalo! Ainn...
Por otra parte, esto de estar en una isla mediterránea tiene increíbles ventajas culinarias: a) comer pescado fresquísimo, b) comer verdura fresquísima, c) aliñarlo todo con aceite de oliva, d) regarlo todo con vino tinto (o anís, en su defecto). Suspiro *Lucille se repantiga en el sofá y sonríe satisfecha*. Esto es vida.
Pero no todo es vino y rosas (aunque lo pareciera) y el hecho de que no haya llovido desde abril tiene como desventaja una cantidad de polvo ingente. Hoy he intentado limpiar la terraza a manguerazos y el sumidero no colaba. Por favor, no me imaginéis hundida en el fango porque, en realidad, tiene muy poco o cero glamour. Además, las obras para los futuros juegos olímpicos parecen no tener fin.
Y en un tirón de estos tontos se ha caído la cortina alpujarreño-cretense (esto es, de lienzo amarillo) y no sólo se ha caído (no, eso sería muy simple) se me ha caído encima.
Y (sí, aún hay más) mi novio ha aprendido (me pasa por enseñarle a usar el ordenador) a escuchar El larguero vía internet desde aquí. Ahora está durmiendo, y al mirarle sonrío, y es imposible cogerle manía por detalles absurdos como ése.
Señoras, señores, voy a probar el nuevo cliente Jabber. Crucen los dedos por mí.