... he de confesar.
Pues eso, que estaba yo felicísima de la vida en Granada, disfrutando de la sensación de estar tirando un curso (cosa que no había hecho nunca antes; ni tirarlo ni disfrutarlo), disfrutando también de la sensación de estar haciendo algo con mi vida, de tener amigos, de poder recuperarlos, disfrutarlos, vivir en esa ciudad que nunca para (si la dejas), etcétera...
Ahora estoy de vuelta en casa, y tengo que decir antes de que me os tiréis al cuello que lo estoy disfrutando: había echado de menos a mi niño (que también triunfó en Granada, he de decir), él me había echado de menos a mí. Coincidimos en que no hay nada comparable a estar con el otro y a estar en casa... Pero yo aquí no tengo trabajo ni relación ninguna más que él y mi familia: nunca he tenido a mi familia alrededor y eso es bueno, pero en verdad había echado de menos la sensación continua (y no puntual) de "tener amigos" (una sensación que no sentía desde hace casi un año). Mi despedida de soltera fue con los amigos de mi hermana (y con Inma): gente majísima con la que me lo pasé en grande, pero que por una razón u otra no me hace sentirme así.
Estuve hablando también mucho estos días de la relación entre Sábanas Blancas y Tarta de Fresa: no comprendo como en este grupo puede haber tanta gente en contra de las decisiones sentimentales de los demás, cuando el que esté libre de errores que tire la primera piedra. El caso es que yo sentí celos por primera vez en años (quizá desde lo de otras tartas de extraños sabores), y que quizá pude hablar de ello con normalidad también por primera vez desde hace tiempo. Y me han sentado muy bien ambas cosas.
Creo que como de costumbre voy lanzando bolas de pintura sin conseguir pintar un cuadro detallado y significativo para alguien que no sepa de qué estoy hablando; quizá el secreto de que en este diario seamos tan pocos es precisamente ése... como en tantos otros aspectos, entre nosotros nos entendemos...