Se me ha echado en cara que me pongo muy filosófica. He aquí, pues, una visión de mi realidad cotidiana.
Mi teclado está atascado en Atenas. Es decir, un teclado bastante bueno de mocosoft (con sus teclas de acceso directo, su ratón óptico de regalo, tal) a un precio razonable, obviamente con teclas griegas pero configurable, totalmente bajo mano: lo que justifica la conjunción del factor uno y el dos. ¿Genial?
Bueno, pues no. Una vez lo dejé para el día siguiente y ahora no quedan, y al parecer en Atenas los mocosoftquiensean tienen un pequeño lío (mocosoft+grecia=caos) y el teclado no sé en qué barco llegará... bu... y yo con la muñeca hecha polvo... jo.
Cuando pongamos el sistema de comentarios haré cosas como pedir consejos sobre ergonomía (del griego ergo: trabajo. Plural: erga, significando obras, es lo que ponen en la carretera cuando hacen un boquete del tamaño de un cráter lunar). De momento, aquí estoy con los dorsos de ambas manos como trastes de guitarra (por la tensión, digo).
La verdad es que nunca me había pasado tanto tiempo delante del portátil: es curioso, dado que ya he acabado la carrera y todo. Pero digamos que la mayor parte del tecleo/movimento del ratón lo hice siempre en ordenadores de sobremesa, desde aquel mítico Amstrad. Señores, tengo 22 años. Hagan las cuentas.
De hecho mi hermana (¿no queríais anécdotas?) a los ¿tres? años ya sabía teclear run"m, que era el comando de menú del Amstrad. Antes de saber leer ni escribir, antes de saber las letras siquiera, ahí se ponía ella con dos dedos con tal de poder jugar al Manic Miner (leído manicminer tal cual). Daos cuenta que incluso tenía que pulsar Mayús+2.
Volviendo a mi inexistente teclado. Cuando me enamoré de mi portátil no me di cuenta de muchos detalles tontos: quizá pase también en las relaciones, uno mira el conjunto y a la larga son los pequeños detalles los que le dan la puntilla en los días malos. Por ejemplo: para ira al principio o al final de línea tengo que pulsar la tecla de función, lo cual convierte el proceso de seleccionar una línea en una complicada operación de tres teclas. Además de ser la misma tecla que el avance de página y estar justo encima de las flechas de dirección. Si a eso le sumas que no tiene puerto de serie, ni paralelo (¡no tiene LPT1! ¿por qué?) ni micrófono integrado, te encuentras con tres de los detalles más tontos que te puedas imaginar en un portátil. Llego yo tan feliz con mi portátil con su guairles (no hay red donde yo vivo), sus cuatro usb (no tengo cuatro periféricos), su IEEE 1394, que para qué lo quiero si no tengo cámara digital, y llego a casa, voy a conectar la impresora y ¡tachán! ¿ande leches para el LPT1?
Me tenéis que perdonar que me ponga tonta, pero es que de repente me pasó toda una generación por delante de las narices sin darme cuenta. Yo que pensaba ¡qué moderno es mi portátil, seguro que tarda en quedarse antiguo! Y resulta que por una vez, la antigua era yo...
PD: La próxima vez hablaré de mi impresora (snif), que compré porque podía imprimir desde el DOS...