Es curioso que me hayas estado haciendo daño - porque en el fondo me has estado haciendo daño - tantísimo tiempo y que no haya reaccionado. Es curioso que haya tenido verdades como puños que echarían para atrás a cualquiera delante de mis narices, y que no me haya inmutado. Es curioso que este ataque de locura antidiplomática me haya dado al ver al malasio.
Y es que te dedicas a codificar el mundo, a tergiversarlo todo de forma que todo esté acorde y todo sea armonioso. Te dedicas a manipular a la gente, para conseguir siempre lo que quieres. Y encima tienes el rostro de intentar justificarlo tras una filosofía triste. Que cuando la escuchas casi suena convincente, pero que cuando la piensas friamente, suena a broma.
¿Te acuerdas cómo asentías cuando, al principio, cuando nos conocimos, yo decía que lo que Jardinero hacía, cuando criticaba su manera de tratar a las personas como si no tuvieran sentimientos? Es paradójico, porque tú eres exactamente igual. Tratas a la gente como si pudieras pedir lo que quisieras de ellas, como si pudieras explotar todos sus recursos a tu antojo; es más: tratas a la gente como si tuvieras derecho a lo anterior, alegando luego que la gente está alrededor tuya porque quiere. A tus "amigos", a tu "amor", a tus "rollos"...
Pero siempre, por encima de todo, Rey. Tú, siempre encima. Arrasando con cualquier cosa. Porque al fin y al cabo, es lo único que te importa. Ser feliz, o tratar de serlo. Importando poco o nada lo que las personas que tienes a tu alrededor, las que quieres tener a tu alrededor o las que dejas atrás sientan. Nunca te ha importado nada de lo que sienten las personas que - ingénuas ellas - te han querido. O al menos, que yo sepa - y cada vez tengo más evidencias - nunca has hecho nada por interesarte.
Eres el egoísmo en persona.