Ahora son dos, y sigo sin saber cómo haremos que parezca que todo sigue igual (ver nota anterior; no me apetece plagiar dos veces seguidas lo mismo). Pero en tres semanas, puede que menos, estaré allí. Y seremos dos. No tres, pero dos. Que menos da nada.
PD: sí, tengo curiosidad.
El sábado pasado ocurrió el Gran Evento.
Ya no eres uno. Ahora eres dos.
Son cosas que cuesta asimilar.
En realidad ha sido una gran semana. El vierenes 2, un concierto en el que metí la pata hasta el fondo. Me parece que mi profesor no me vuelve a llevar a un recital de piano en la vida. Salimos de viaje para Murcia. Viaje genial, recibimiento genial - si me apetece y estoy aburrido cualquier día, o si NdelT no se ha enterado aún y tiene curiosidad lo relataré -, estancia genial, evento genial... Fiesta, niño guapo, tú... qué más se puede pedir a un fin de semana. Y como guinda, mi Niño el de por allí. Dos días con él. Que menos da nada. Sigue con sus ojos preciosos. Sigue dándome las gracias por ir a verle. Y un día más en tu casa. Con mi ángel. Que ahora es dos. Pero menos da nada.
Vuelta el miércoles... y hasta ese momento, había conseguido tener a Rey al margen. Incluso olvidarme de él y todo lo que le concierne. Pero, en cuanto me quedé sin gente alrededor, volví a entrar en el bucle de procesamiento infinito.
Ya de vuelta en casa, seguí con el mismo tema. Hasta el punto de que casi le llamo. Pero en uno de estos ratos de procesamiento, pensé:
"A la mierda. Si ni siquiera se preocupa por ti. No te llama, no va a verte, cuando quedáis no aparece y no hace ni por disculparse. No te quiso, no te quiere ni te va a querer nunca."
A lo mejor fue que aquel pensamiento, fruto del esfuerzo por autoconvencerme, me hizo daño. De hecho, pensé: puede que este sea el momento en el que he dejado de quererle.
Y es que desde entonces, ya no me parece tan especial. Ya no me parece tan importante. Ya no me parece tan imprescindible. Desde entonces, empiezo a estar realmente convencido de que no merece la pena. Realmente convencido, que es la clave.
Espero no estropear todo esto cuando le vea la próxima vez. (Sí, bueno, es que aún tengo cosas que decirle... o preguntarle... llamémosle curiosidad malasia). Porque ahora... eres dos. Y no sé cómo va a influir eso.
Puede darte la impresión de que me asusta un poco todo eso. Pues sí. Me asusta el cambio, me asusta que las cosas dejen de ser como antes, me asusta perder lo que tenía.
Me asusta perderte.