que no ha cambiado nada? La vida real se nos echa encima... Felicidades, de todos modos. Me debes una cena, Lucille.
... preparándome con dolor para el Gran Evento como tú lo llamas. Ya has conseguido echarme de la lista de memorias recientes, pero sigo en los comentarios, creo. La verdad es que ando muy cansada, muy llena de cosas super urgentes que hacer (aunque esta noche vaya a ver a los Les Luthiers, ah HA HA).
Mientras estaba en lo otro no sé si habrán venido los del Corti (como dice mi madre) a traer lo que faltaba de la vajilla alemana famosa (que reconoceré aquí en público que me EN-CAN-TA aunque pocas personas la vayan a ver con comida dentro). Je. Suspiro. Ahora tengo que acabar lo de las mesas (que ya entregamos dos días tarde, pero como no baja nota... jejeje) y lo de la página web, que ahora incluye un mapa michelín aparte del esquema sencillo que tardé día y medio en confeccionar. A ver si el nuevo Gimp (cuando me lo descargue antes de irme a la conexión pataterísima de la nueva casa) es más práctico a la hora de hacer tonterías tales como líneas punteadas o líneas, arbitrariamente, rectas, sin que sean curvas de Bezier. O como se diga.
Llevo un par de meses con "Es que no paro" de frase del Jabber. Y me temo que es verdad: estas últimas semanas estamos haciendo menos cosas porque hemos renunciado a que haya ciertos asuntos listos para la boda. Hemos decidido que lo haremos después...
Luego, no sé cómo de bien o mal estaré quedando, pero a pesar de que Lassie me invitó al cumple del Herrero se me olvidó llamar para felicitarle: mal, muy mal. Y tampoco llamé a estos niños para preguntarles qué tal la obra / felicitarles de todas maneras. Y es que A. L. acaba de conectarse y me acabo de acordar... ahora, media semana después.
Y así con todo: todavía no sé a qué persona se refiere el ácido acético de NdelT: porque todavía no me he sentado con calma y con tiempo a hablar con la gente.
Tengo una invitada alemana alojada en un balneario (como las termas, pero institucionalizado) cerca de casa, pero ayer no la vi en todo el día: quería haber cenado con ella, pero no pudo ser. No tengo claro tampoco si la peluquera sabe que la he elegido a ella, y que en algún momento tendrá que practicar el peinado, según me dijo, porque habíamos quedado para aquel día que acabé llorando y no podía más, y decidí no ir. Tengo que ir a limpiar dos casas para que se queden amigos míos y de P: tengo que, tengo que, tengo que.
Y hoy he descubierto una cosa: a estímulos iguales, me duele más el lado derecho del cuerpo que el izquierdo. Ahí queda eso.