a mis amigos... o quizá es que mis amigos me tienen malacostumbrado, y yo a ellos... O quizá es... empecemos desde el principio.
Ya te comenté lo del niño este y lo de la fiebre... Pues bueno. Ayer yo volvía de mi examen de lenguaje musical en el conservatorio, y me pasé por el cuarto de este niño para ver cómo estaba. Mal. 38.5 de fiebre, un grado más que dos horas antes, cuando sus amigos (he estado muy tentado de ponerlo en cursiva) le dieron un paracetamol. Estaba el niño sólo en su cuarto. Porque todos sus amigos se habían ido a la fiesta de la primavera. Y se habían llevado las llaves de su cuarto (todas, incluso la de repuesto).
Lo de que se llevaran las llaves es grave, evidentemente. Lo de que lo dejaran solo... al menos a mí me parece grave. Hasta donde yo sé, si tengo un amigo, tengo un amigo para las buenas, y también para las malas. Y si tengo un amigo enfermo, pues me preocupo de que no se quede solo. O al menos, de que no se quede solo mucho tiempo. Y si me tengo que perder la fiesta de la primavera porque mi amigo tiene fiebre, pues me la pierdo.
Pero supongo que esto, como muchas cosas en esta vida, es una cuestión de preferencias. O de principios.