Al fin hemos instalado definitivamente nuestro hotel, como bien decía mi ángel. Tras mucho buscar y probar, tenemos nuestra mente digital en un rinconcito del inmenso ciberespacio. Nuestro hotel en este sitio inhumano por momentos, de lo impersonal y anónimo que puede ser.
Todo parece encajar. Nuestro hotel instalado, un lugar de descanso para quien quiera aceptarlo. Un lugar humano y acogedor. Todo parece ordenado.
Aunque el orden, como muchas otras cosas en esta vida, no es más que una ilusión efímera.