que un día conozco a un chico. En mi facultad, en mi colegio, en mi pueblo, en la asociación de turno... un chico que va con alguien que conozco, que va a la clase de alguien que conozco, que conoce a alguien que conozco... sueño que veo a alguien, que oigo una voz, que atrapo una mirada... y que me gusta.
También sueño que, por casualidad o por casualidad condicionada, me hago amigo suyo. Que hablamos, que nos vemos, que nos conocemos. Sueño que cuando estamos juntos yo me ilusiono. Sueño que cuando estamos juntos él se ilusiona, y que la ilusión se le ve en la mirada.
Y sueño una tarde juntos, paseando, riéndonos por la calle de cualquier cosa; paseando por plaza Trinidad en verano, yendo al Häagen-Dazs o a la Fiordigelatto para tomarme un helado con él. Hablando sobre lo mal que va el mundo bajo el sol, o hartándonos de bailar en el Hannigan & Sons. Sueño que paso todo el tiempo que puedo con él porque a su lado soy feliz.
Y sueño una noche, una despedida como la de cualquier otro día. Pero en mi sueño esa noche él tiene un brillo extraño en los ojos. Y diciendo cosas estúpidas, me acerco a él y le beso. Y entonces nos despedimos, con una extrema sonrisa en la boca cada uno, confusos y felices, exultantes, por lo que acaba de pasar.
Y sueño toda mi vida con él. Sueño que soy más feliz que antes a su lado, sueño que hacemos muchas cosas juntos, sueño que él ya no es una parte importante de mi vida porque pasa a ser mi vida entera.
Llevo soñando esto mucho tiempo. Llevo llamándole a esa persona Ángel mucho tiempo. Llevo persiguiendo este sueño toda mi vida.
Porque por alguna extraña razón que desconozco, sé que algo así es lo que me hará feliz. No sabría explicar qué me hace estar convencido de que eso es lo que me gustaría que sucediera. Quizá sea importante para mí poder recordarle a él alguna vez lo bonita que fue la privamera que nos conocimos. No lo sé: pero me hace ilusión. Me da la ilusión. Me hace tener ganas de levantarme cada día. Por eso persigo ese sueño. Por eso estoy en constante búsqueda de esa persona. Por eso creo encontrármela en la primera mirada tierna que veo. Porque esa mirada me recuerda a la mirada que Ángel tiene en la noche de mi sueño en que todo cambia.
No sé si esto es bueno o malo. Me da exactamente igual. Mi sueño es mi sueño y mi ilusión es mi ilusión. Y pretendo llegar a ella. En este caso concreto, me hacía ilusión hablar con este niño, conocerle, estar con él. No sé si esto es bueno o malo. Y lo intenté... aunque algún jardinero que otro se pensara que mi intención era pegarme un revolcón. Yo lo que quería era hablar con él. Entonces, pasó el tiempo. Todo parecía indicar que aquella historia pasaría y que no dejaría de ser más que otra piedra caída en el agua levantando poca o ninguna perturbación. Pero no... de repente un día, y gracias a una determinada intervención de un tercero - no quizás porque creyera en mi sueño, si no porque creía en mí - este niño volvió a ser el protagonista de mi sueño.
Recuerdo cuán feliz fui ese día. Porque tenía una ilusión cercana a la que agarrarme. No sé si esto es bueno o malo. Pero vivo de ilusiones. Aunque sean lejanas y distantes. Y, como antes he dicho, creo en mi sueño, y quisiera de corazón que se hiciera realidad. Será triste, o poco probable, pero me hacía realmente feliz poder hacer al fin algo, poder intervenir, para moldear aquéllo que había sido sólo una conjetura meses atras. Obsesión. Fijación. Ilusión. Me pregunto si a veces no será todo lo mismo.
Nadie tiene la culpa de que la realidad contrastara tanto con mi única - o al menos primera - posibilidad de actuación. Puede que lo que yo quería hacer sonara desesperado, triste, denigrante o feo incluso. A mí me daba igual. Era algo que podía hacer y pensaba hacerlo. Nunca pedí que me dieran la razón. Nunca pedí a nadie que me apoyara, que me ayudara en esto o ni siquiera que creyera en ello. Nunca pedí a nadie que me proporcionara finales bonitos, en los que mi sueño se hace realidad. Para imaginármelos ya estoy yo. Nunca pedí una palmadita en la espalda, nunca pedí un "fijo que cae". Yo soy el primero que sabe que esto es poco probable.
Supongo que lo único que ha ocurrido es que yo he recibido alguna que otra crítica constructiva y ningún "ánimo Sab". O que para cuando haya llegado el "ánimo Sab" yo ya estuviera tan frustrado que no lo haya oído.
Supongo también que a veces es mejor tirar la toalla, aceptar la evidencia, rendirse ante un futuro muy negro y dejar, por una vez, los sueños de lado.
Llamadme iluso. Pero yo no pienso rendirme.