No es nuestra culpa cómo vemos las cosas, Sab. Sabes que no tienes por qué pedir opinión si no quieres, que puedes pedir que no opinemos, y que aunque no esté de acuerdo con tu elección te apoyaré (aquí sólo puedo hablar por mí mismo). El consejo y el apoyo no son la misma cosa.
Y consecuentemente tengo tiempo para hacer todas esas cosas que se me ocurrían mientras estudiaba inteligencia artificial, ingeniería del software o redes. Descansar, ver películas, hacer páginas webs, quedar con la gente... qué te puedo decir que tú no hayas vivido; qué te puedo contar que tú no hayas soñado, cantaba Ana Belén.
En los últimos días de exámenes resurgió un proyecto casi olvidado. El de la captura de Ángel. Siendo más concretos: me surgió una oportunidad real de verle. Difusa, pero una oportunidad. Una oportunidad de tenerle cerca de verdad, de poder hablar con él y, en un determinado momento, contarle, dejarle caer o expresarle con la mirada lo que me ha hecho sentir desde que le vi por primera vez.
Al principio todo eran ayudas por parte de todo el mundo. Y ahora que tengo algo a lo que agarrame, me he encontrado solo. Sé que es cierto, que no es muy sólido a lo que me agarro. Pero me ha hecho muchísima ilusión. Y sólo he encontrado respuestas dudosas, negativas incluso, ante lo que podía suceder.
Tengo sueño, y una ilusión que nadie parece compartir. Es comprensible, pero no agradable.