...ayer pillé un cabreo del quince con lo de la factura. Pero bueno, planeo maldades y se me pasa un poco. El problema conmigo es que no suelo llevar a cabo las maldades que planeo. No me suele salir. Pero intuyo que ésta va a ser más fácil.
Lleva desde que llegué lloviendo a mantas. Hoy sólo está nublado y hace muchísimo viento, pero eso de que el tiempo acompañe al estado de ánimo es algo chungo, porque estaba tristona, cabreada y resfriada, y la combinación de estos factores hacía parecer que la casa se me venía encima.
Así que me fui al cine (aunque no debería, tengo que ahorrar para este fin de semana). Espero que el tiempo mejore porque lo último que me apetece es quedarme tirada en tierra (o lo que es peor, en Atenas), que los barcos no naveguen debido a la tormenta. Esto ya pasó la otra vez, quiero decir, le pasó a las amigas de Estrella: por culpa de la tormenta se pasaron aquí casi una semana más. No podían volver a casa (por Navidad).
Fui a ver, a todo esto, Intolerable Cruelty de los hermanos Coen. Es buena. Es muy buena. Espero que el doblaje también lo sea y la podáis disfrutar en todo su esplendor: los diálogos tienen un ritmo trepidante, y el guión un par de (ejem, ejem) giros inesperados y estupendos. Y el epílogo. El epílogo mola.
A la vuelta conseguí un taxi razonablemente rápido, pero al pasar por el paseo del puerto... ¡nos daban las olas! Para que os hagáis una idea de la nochecita. Ni las pelis de Frankenstein. El chico del taxi era majo. Y llegué a casa de buen humor. Cuando se llega a la casa a la que yo llego, eso es importante.