Hay una palabra en español, que se usa cuando hablas de algo, y precisamente por verbalizar ese algo, la cagas. No me refiero al cotilleo. Me refiero al gafe.
Verbigracia: dije aquí que el teléfono iba bien. Pues sí. Iba bien, hasta que lo dije, y aún hoy hay cosas que podrían ir mal con el teléfono (pero no diré que va bien, porque si no, coooda con la canción).
¿A qué venía yo? Ah, sí, el nuevo año. Con el nuevo año empiezan muchas cosas: el segundo ídem de vida de Zimt; el primer ídem de, bueno, la oficina, por decirlo así; y demás propósitos, historias, tal.
Han pasado muchas cosas desde que registramos nuestra primera nochevieja en Atlantis (véase), épica, como por ejemplo la segunda nochevieja, en la que estuvimos al menos juntos y frescos, pasando por la tercera, en la que yo estaba hospitalizada, incomunicada con el ciberespacio y posteriormente convaleciente. Tres nocheviejas hasta esta cuarta y no narrada aún.
Una nochevieja gafada cual teléfono de Timofónica, con:
No puedo preciosa, many thanx! Toi n Marrakech! Bs
¡Cough, cough! ¡Argh! ¡Sus muertos!
Y un largo etc, largo como una noche sin, bueno, como una noche muy larga, como son largas las cosas que son largas de verdad.
¿Por dónde iba?
Creo que iba por lo de contar las cosas y gafarlas. No me refiero a estas nocheviejas que es, es un hecho documentado, han ido de mal en peor. Al fin y al cabo, después de toda nochevieja llega un día de Año Nuevo, y a partir de éste (que ha sido el primero) todos serán el cumpleaños de Zimt (pobre hija). Aquí llega M. para salvar el día (de nuevo la cita es literal):
Japibedeituyu! Bsotes
Addenda et corrigenda, como el blog, debería decir:
JapibedeituJER! Bsotes
Pero la intención es lo que cuenta y esta cuenta muchísimo.
385 palabras más tarde, Lucille aún no ha dicho lo que venía a decir.
Estoy en horario de curro escribiendo en Atlantis por no, hm, romper ninguna de las caras, absolutamente necesarias y femeninamente estilosas cosas de mi oficina. Cuando he ido a meter el último cajón de mi flamante Galant (¡atención señores! es MUY jodido de montar), hmm... me he dado cuenta del 3er-error-que supone-desmontar-todo-lo-anterior (agravante: ¡que ya había terminado!). Argh.
Y he venido a escribir. Ya darme cuenta de que iba a publicar [una nueva chorrada] un texto público sobre Ikea (como La Petite
La experiencia Ikea es lo más próximo a una lobotomía que puede experimentar un ser humano
o como este anónimo empleado).
Y me he acordado de que tengo muchas cosas pendientes sobre las que escribir, más que un chiste fácil (caja de tablas y tornillos: 129, taladro atornillador: me lo regalaron los Reyes; perder una mañana y una tarde en tu propio negocio, no tiene precio. Para todo lo demás: muebles de verdad).
Hay muchas cosas que no puedo contarle a nadie. Hay un conjunto de cosas que me preocupan, una serie de cosas que son importantes, y que quiero contar. En sí no son secretos. Pero a mi alrededor, hay personas que prefieren no saberlos. Saben, extrañamente, subgrupos aleatorios del total de la realidad. Este año me he propuesto liquidar los
In no particular order. En modo conversacional, para que veáis a qué me refiero.
¿Dios, familia, propiedad, política, sexo, personalidad? ¿Puedo arriesgarme al efecto gafe? ¿O acabaremos hablando de I-kea y del iphone, en vez de sobre nuestros vapuleados, escondidos, sobrealimentados i-egos?