Y tengo un nudo en el estómago. Eso no me ha impedido desayunar un vaso de leche caliente (preparado por P), ni dormir esta noche (aunque sigo con el hombro destrozado de la anterior). No, señores, muy mal tengo que estar yo para no poder comer ni dormir.
Tengo la persistente sensación de que se me olvida algo clave. Oh, leches, ayer la dirección que di para las pruebas no estaba activa aún (al final puse la del dominio anterior). Fallos. Cosas tontas. No sé.
No es que tenga miedo al fracaso, no es que tenga miedo. Es como el día del gran examen, sólo que por esta vez, el peinado que lleve también cuenta, y si me conocéis sabréis que todo el rollo de la imagen me estresa sobremanera.
Mientras, preparo maleta para tres personas. Mañana por la mañana, niños míos, estoy en Granada con P y Zimt. Deseadme suerte. Y perdonad que no os escriba. Como decía el supuesto epitafio de G. Marx, perdonen que no me levante. Y es que estoy muerta, y extrañamente viva.