Pues nada, ya que te pones a sobreactivarte... ¿Me pasas la receta de la lasaña? Te explico: la lasaña es uno de tantos tipos de pasta que compramos mucho. Así que cuando hicimos la mudanza nos encontramos con siete (7) cajas de lasaña en casa, y ahora hay que comérselas (o no).
Al final, siempre que digo que contaré cosas más tarde a la vida le da por seguir adelante. Cada vez queda menos tiempo y hay más cosas que contar.
Por ejemplo, mis vacaciones. Por qué, para qué, durante cuánto tiempo me las tomo, etc. Pero parece que cuanto más digo que quiero estar de vacaciones, más cosas por hacer van surgiendo: encargos de la familia (¿alguien sabe cómo se gestiona una apostilla de La Haya en España?), cosas atrasadas a las que les va llegando su momento, preparativos para el comienzo de la actividad de la empresa, llevar a la becaria de turismo por Cartagena (that would qualify as holidays, wouldn't it?), mil cosas, en definitiva, el lío en el que se convierte mi vida cada vez que soy yo la que la gestiona.
Estoy haciéndome una serie de propósitos de enmienda: me prometí que una de las cosas que no haría sería llenar estas vacaciones de actividad por todos lados (en este escrito, las cosa que quiero cambiar van en cursiva, marcadas con un asterisco, por ejemplo: sobreactividad*). Son vacaciones de no hacer nada, me dije. Pero bueno, el que no se autoengañe un poco (hay quien lo llama fe) que tire la primera piedra. Aunque entre la autosugestión, la fe y el autoengaño* haya unas barreras delgadas y borrosas, intento ir siempre por el lado que me lleva a donde quiero ir.
Ayer no una sino dos personas (que no se conocen entre sí) me pidieron que escribiera. Y yo, como soy una niña muy bien mandada*, aquí estoy. En realidad necesitaba ese empujón. Le contaba a P que me cuesta mucho dejar una actividad* para empezar otra: por eso en mí llegar tarde* es tan común. Por eso me ha venido bien esta patada. Por eso ahora estoy llegando tarde a devolver unos pantalones, llevar un traje a que me lo arreglen, llamar a dos personas, hacer la compra para hacer la comida para la visita de estos niños: por no poder dejar una actividad*, por la sobreactividad*, por siempre llegar tarde*, por ser una niña tan bien mandada*.
En resumen, por no saber decirme que no ni a mí misma (*).
Así que, como un paso de todo esto, ayer me fugué el colegio. Quiero decir, que se hizo tarde(*) para llevar a Zimt al cole y una vez en la calle di media vuelta y no fuimos. Hacía tiempo que no me fugaba nada (aunque se me da mejor que otros dejen sus clases que dejarlas yo, como la otra tarde con el francés de uno de mis [ex]compañeros). Lo pasamos bomba, la compra, todo el día jugando, haciendo cosas por casa.
Le decía a P que sé que estoy de vacaciones porque estoy cocinando. Es más, cuando hago postres, sé que estoy absolutamente de vacaciones. Hay una serie de necesidades básicas en la vida: comer, dormir, y otras cosas que traen visitas a los blogs.
Para que tu vida no se resienta, tienes que satisfacer tus necesidades básicas a diario. Sin embargo, en mi caso para comer hay que trabajar, y trabajar te deja poco tiempo y ánimo para el resto de las cosas (¿no es una locura?). Y sin embargo, sigues teniendo que comer, etc. Así que lo haces cuando puedes, como puedes. Haces lo que buenamente se puede con lo que hay en casa y el tiempo que tienes. Y dices... cómo molaría... comer Solomillo en Salsa de Ciruelas, Casaña Casera Del Padrino, Pollo al Curry con Piña especial Lucille. Dedicarle a todo su tiempo, calentar a fuego lento, cocer las cosas en su jugo, llenarte lentamente la boca, o la violencia de devorar sin pausa, sin levantar la vista, cerrar los ojos e intentar recordar el momento, dejar que la última gota se deslice por tu interior, contemplar con los ojos entrecerrados el algodón blanco frente a ti, con los restos del naufragio, casi inconsciente ya, mientras el aire se llena con el aroma del Café Expreso con Leche y Mucha Espuma, Canela y Chocolate en Polvo por Encima, gracias cariño, esto es amor y Lo Demás Son Tonterías.
Pero la mayor parte de los días el título del plato es Con Suerte Tenemos Media Hora, Sin Ella Veinte Minutos. Y así, la verdad, no hay quien coma, pero, a día de hoy, todavía tenemos costumbre de comer todos los días. Hemos hecho incluso el propósito de sentarnos a comer, con mantel y todo. Y volver a desayunar juntos (otra costumbre perdida por los putos horarios extraños). Y así con tantas cosas que necesitan ponerles un poco de atención, una cantidad mínima de tiempo, un hacerse a la idea, un recuperar la costumbre. Pero que, por unas cosas o por otras, no se acaban de dar, porque siempre surge algo en el último momento.
Así que sé que estoy de vacaciones porque estoy cocinando. Hoy voy a probar la receta de la famosa Lasaña Casera Del Padrino, a ver qué pasa. Tengo tantas cosas que hacer, y tantas ganas de hacerlas... es sólo que me falta el realismo de saber a cuántas me da tiempo y a cuántas no. Para empezar, ya llego una hora tarde a todo, así que tengo que fugarme unas cuantas. Es una de las otras cosas que me he propuesto aprender.