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Sobre "La felicidad absoluta tiene que ver con el otoño"

Cari, otoño no es un mes...

NdelT, 11th October 2006, Wednesday, [22:50-22:51] @ ¿por qué me da el sol justo en la cara si hay unos nubarrones de la muerte?

Traductrices...

Sobre "La felicidad absoluta tiene que ver con el otoño"

... quisquillosas ;-P

Un desliz lo tiene cualquiera [blushes] [looks at the floor].

P confirma que, efectivamente, lo que él dijo es que sus tardes favoritas son las de octubre.

lucille, 12th October 2006, Thursday, [00:40-00:50] @ me pasa por jugar a escribir

La felicidad absoluta tiene que ver con el otoño

Siempre digo que mi época favorita del año se caracteriza por poder decir «hmm, qué solecito» en vez de «dios, qué sol». Es ese momento en el que empiezas a evitar las zonas de sombra en vez de huir de ellas. Quizá por eso me gustan más los sitios que he visitado en verano.

En esta visita a Madrid, por ejemplo, he entendido que haya gente a la que le guste vivir allí. Tiene que ver que por una vez he ido andando a todos sitios, o prácticamente. Me he quedado a dormir cerca de la parada de Ópera, en un barrio de los que se diseñaron para andar por ellos. Lo dice Neil Gaiman de Londres, en un párrafo que podría haber escrito NdelT. También podría valer para Madrid.

"It was a city in which the very old and the awkwardly new jostled each other, not uncomfortably, but without respect; a city of shops and offices and restaurants and homes, of parks and churches, of ignored monuments and remarkably unpalatial palaces; a city of hundreds of districts with strange names -- Crouch End, Chalk Farm, Earl's Court, Marble Arch -- and oddly distinct identities; a noisy, dirty, cheerful, troubled city, which fed on tourists, needed them as it despised them, in which the average speed of transportation through the city had not increased in three hundred years, following five hundred years of fitful road-widening and unskillful compromises between the needs of traffic, whether horse-drawn, or, more recently, motorized, and the needs of pedestrians; a city inhabited by and teeming with people of every color and manner and kind.

When he had first arrived, he had found London huge, odd, fundamentally incomprehensible, with only the Tube map, that elegant multicolored topographical display of underground railway lines and stations, giving it any semblance of order. Gradually he realized that the Tube map was a handy fiction that made life easier but bore no resemblance to the reality of the shape of the city above. It was like belonging to a political party, he thought once, proudly, and then, having tried to explain the resemblance between the Tube map and politics, at a party, to a cluster of bewildered strangers, he had decided in the future to leave political comment to others.

Neil Gaiman, Neverwhere (I'm just loving this book).

Pasear en otoño por Londres, por Cartagena, por Madrid, por Newcastle, por Úbeda, por Edimburgo, ha sido fundamentalmente agotador. Sabes que estás viajando demasiado cuando para vestirte miras primero la maleta, con la esperanza de que quede algo de ropa limpia escondiéndose de ti en algún lugar.

«¿Te llevo la maleta?» me preguntaban este fin de semana. Finalmente, me atreví a decir: «No, gracias». Después de tanto tiempo sin poder moverme, me siento bien subiendo y bajando escaleras (aunque alguien debería fusilar al que diseñó el enlace Metro>Renfe en Chamartín) e incluso cargando (brevemente), gracias, con mi propia maleta.

En octubre suelo despertarme con una alegría extraña. Sé que es el mes en el que, estadísticamente, hay una alta probabilidad de encontrarme con mi única ex. Aunque no tuviera ganas de verla, como el 2005 en el Rent-a-Jar, o el 2003 en la mensajería instantánea de turno. Quizá tiene razón Divine y los astros influyen en nuestra vida, porque es algo cíclico. Quizá sea: los tal y tal como Lucille, después del primer punto de Libra, tienden a hablar con personas a las que hace mucho tiempo que no ven (esto incluiría este año a Patinete, NdelT y sus compis de piso, Divine y never forget [again] 1052). Quizá sea eso. Quizá no. Todos los años anteriores habría caído en principio de curso, lo cual distorsionaría el fenómeno. Quizá tantos septiembres y octubres nos han dejado una marca que hace que nos busquemos en la ya inexistente vuelta al cole.

A lo que iba: este año he cogido el metafórico toro por sus metafóricos apéndices sin determinar y a la vuelta he ido directamente al susodicho Rent-a-Jar.

—... sí, entonces usted recibe el coche con el depósito lleno. Si sólo lo va a tener un día, lo que más a cuenta le sale es volver a llenarlo de gasolina antes de devolverlo, y este cargo de 47€ que le acabo de hacer a la tarjeta se le devolvería en ese momento...

—Hola guapa —susurro, con un gesto de «me espero hasta que acabes».

—¿Qué? ¿Eh? —su (pecosa, pelirroja, delgada) cara de sorpresa es más guapa que algunos recuerdos que tengo de ella. Esto me sorprende a mí, y sonrío. —Tíiia, ¿qué tal, cómo estás, y tu niña, cómo anda?

Me cuenta que sigue viviendo en la playa y tiene planes de casarse el septiembre próximo.

—¿En serio? Qué bien, qué guay, cómo me alegro —y es verdad que me alegro por ella. Hablamos en plan acelerado, porque no para de llegar gente.

—Joder, tía, qué ganas de que caiga la más grande y se queden en su puta casa. Pero nada, aquí, venga calor.

En mi mente suena un redoble, según nos despedimos.

—Tía —siempre dice tía, es como las de Confianza Ciega— tengo tantas cosas que contarte —el redoble se acelera, oh, quizá sea mi corazón pero en verdad lo dudo— a ver si quedamos esta semana —¡Trrrrr-chás! Gracias, gracias, querido público.

—Claro, si vives aquí al lado. Te acercas a Cartagena y tomamos algo.

Me parece oír a mi hermana, que ha venido a recogerme, reprimir una risa mental.

—Venga, déjame tu teléfono y te llamo esta semana.— ¡ta-ta-tacháaaan!

Escribo en un folleto del Rent-a-Jar:

Lucille

6XX XXX XXX

Call me this time! :-)

Porque ya, en verdad, me tengo que reír.

En el maletero del coche de mi hermana, abro la maleta y cambio el jersey por una camiseta de manga corta, las medias y las botas por mis zapatos de tacón nuevos.

—Hay que joderse —pienso, o digo, partida de risa. Las hay que no cambian.

—¿Crees que te llamará esta vez? —me pregunta mi hermana.

—No, no creo. —Pero yo ya he hecho lo que iba a hacer. En vez de mirar la tienda y pasar de puntillas, pensando estará, no estará, he ido al mostrador y he dicho

—Hola guapa,

que es, la verdad, todo lo que yo quería decir.

Octubre es un mes de tardes preciosas, como dijo P, como dijo Sab, como digo yo hoy. Es el mes del optimismo, y yo soy inmensamente feliz. Porque os he visto, porque os he abrazado, porque estoy de vuelta y mi niña pone unas caras preciosas cuando no espera que aparezca. Porque vamos a visitar a su padre y pone una muy parecida. Porque en su inmensa nueva oficina hay sitio para estar: es el doble de grande que nuestro piso del UniCenter. Por salir de paseo, por volver andando del trabajo, disfrutando de la sensación de que si pudieras estar en cualquier sitio, estarías justo aquí.

lucille, 10th October 2006, Tuesday, [20:58-22:36] @ con sus problemas y sus retos, pero feliz