Resulta que el papeleo no era tan absurdo: después de todas las amenazas, historias, presiones, hijoputeces, lo que la SS sabe de mi relación laboral con ellos es que yo estaba en el grupo 05.
Con las secretarias de segunda.
Y no es que me moleste la compañía. Pero qué queréis que os diga. Después de todo aquello, me tocó, en lo más profundo, los huevos.
Llamé al despacho de los de laboral: después de estar reunido toda la mañana conseguí que me pasaran con el überboss. Y se lo conté. «Para tu información». Por supuesto «se trata de un error, un error... informático, de la base de datos de la SS». Pues no, perdona. Mi yo subjetivo estuvo en una orgía el viernes, pero mi persona física dormía en mi domicilio fiscal. El de laboral puede percibirlo como un error, pero la realidad es lo que sea que se encuentre reflejado en dicha base de datos oficial. Y, francamente, cada vez que oigo «error informático» lo que suena en mi mente es «mi perro se comió los deberes».
Por cierto que ayer estuvimos hablando cuarenta minutos. Espero no pasarme con los cafés...