January 2010

Pasan los días

Como si fueran viento. Nieva, hace frío, salgo, hago la compra, veo a los alumnos, corrijo las prácticas. Pero todo se compone en las monótonas iteraciones que son mis días: levantarse, desayunar, leer las noticias, comer algo, trabajar, cenar, charlar con la gente o con i si está y meterme en la cama a ver una serie o dormir, algunas veces las dos cosas. Supongo que la repetición de mis días sin que pase nada emocionante, en el sentido de nada que verdaderamente me haga sentir emociones, viene por el hecho de que aquí mi vida social no es tan ajetreada, y además no tengo trabajo que hacer. Nada. Niente. No puedo avanzar mucho en el doctorado por unas cosas y otras, y en la facultad no me queda mucho que hacer excepto poner el examen. No quiero salir a darme una vuelta por Europa con el coche porque el temporal no me anima, y porque verdaderamente lo único que quiero es que pase este mes y todo gire 180º, y se ponga más o menos como estaba antes de septiembre.

Le echo de menos.

No sé en qué momento me di cuenta que mis días son en realidad una espera. Cada día que pasa, cada desayuno, cada almuerzo y cada cena, son una cuenta atrás para poder volverme y recuperar mi inercia anterior. Mi inercia con i, y mi inercia con mi trabajo. No es que sienta que aquí estoy desperdiciando mi vida. Ni siquiera me estoy quejando de lo horriblemente aburrida que es mi vida aquí. Más bien al contrario: estoy encantado. Cuando hace cinco años me vine a Alemania por primera vez descubrí que yo mismo me sobro y me basto. Que la soledad relativa (a saber, la casi ausencia de contacto y obligaciones sociales, a excepción de las telemáticas) me gusta y me satisface. Que me deja tiempo para mí, para hacer lo que yo quiera y para distribuir las tareas de mi vida como más me apetezca. Entiendan por favor que aprecie esto, pues primero fueron las reglas y obligaciones de mis padres y luego fueron las reglas y obligaciones de El Sitio Donde Todos Nos Conocimos. Lo que pasa es que algo me duele ahora. Y sé que por muy bien que esté, por mucho que sonría cuando salgo a la calle y hace frío, de ese que se te mete por el hueco de la bufanda y hace que te duelan las orejas, por mucho que sea feliz al prepararme la cena y ponerme un capítulo de The L Word mientras me la termino, sé también que el mejor momento del día es cuando él llega a esa lista de contactos que está todo el día abierta sólo por si aparece, y me dice "buh!", con minúsculas y sin signo de admiración de apertura, y yo le pongo dos acentos circunflejos, que hasta donde yo me sé es la forma más dulce de traducir la sonrisa estúpida que se me queda. Se me quedan cortas las palabras. Porque en realidad yo lo que quiero es que se pase este mes, y que llegue en su avión a Berlín, y que yo esté en el aeropuerto esperándole, y que el "buh!" se transforme en poder tocarle y sentirle sin tener que imaginármelo. Y hacer el viaje de vuelta a España con él. El cual, si es la mitad de bueno que cuando me acompañó al venir a Alemania, habrá hecho que merezcan la pena los tres mil y pico kilómetros. Y treinta mil haría, si fueran con él.

15th January 2010, Friday, [13:56-14:25] @ 33 days left