es un día importante.
Porque siempre es importante ser feliz.
Hoy eres feliz, y en parte es por mi culpa. Hoy soy feliz, y en parte es por tu culpa.
Hoy somos felices, en general.
Tú y yo.
La verdad es que si yo tengo poco tiempo para dedicarle a Atlantis, tú tienes que tener menos aún. Cada uno por sus razones. Tú preparas eventos importantes, yo empiezo a envolverme de cultura helénica.
Por eso digo, que dentro de poco sólo serán mis pensamientos los que aparezcan en la página principal... Espero no me acusen de monopolio. NdelT sigue sin aparecer.
Qué pensamiento más triste este, que se limita a realizar una escueta crónica sobre el hecho de que nada ocurre.
Intentaré terminar de forma bonita... Vale, ya se me ha ocurrrido.
Echo de menos los tiempos en los que Atlantis rebosaba de actividad. Echo de menos que Atlantis nos hiciera sentirnos un poco más cerca. Os echo de menos.
La abuela de P murió ayer tarde.
No te imaginas el hueco que deja: y yo no puedo describirlo con palabras. Simplemente, se ha ido. Puede que esté en un lugar mejor, pero egoístamente pensamos que a la mierda ese lugar mejor, queríamos que estuviese aquí.
De momento todo sigue adelante, a pesar de la gente que quiere cancelárnoslo todo (que los hay). Pero os podéis imaginar que ya nada va a ser lo mismo.
Sucedió justo un mes antes.
Todo empezó al terminar los exámenes.
Porque te fuiste el año pasado. Pero como nos comunicábamos virtualmente casi todos los días, era como si no te hubieras ido. Es más, te tenía más cerca que antes, paradójicamente. Y eras una parte importante de mi vida.
Llegaron las navidades y casi no me enteré. No noté que estuvieras lejos, porque también nos escribíamos bastante. Además, Navidad siempre es un tiempo para desconectar. Si hay cambios ligeros no se notan.
Vuelve la rutina, vuelves a estar lejos. Y si apenas hablamos era porque el trabajo me consumía. Nunca mejor dicho. Y el trabajo me consumió hasta que terminaron los exámenes. Y entonces fui libre. Pero tú ya no estabas.
Para ese entonces lo estabas preparando todo. Así que tenías cero de tiempo para el mundo. Yo preparaba cosas importantes, con lo cual también estuve entretenido. Una semana después de mi último examen fue cuando le conocí. No es que no te echara de menos, es que estaba ocupado pensando en otras cosas. Pero de todas formas, no estabas. Así que supongo que por eso entre otras cosas llené mi vida con él. Hasta el punto que casi se me desborda y acaba en desastre.
Ahora han pasado un par de semanas. Las cosas están muy relajadas con él: hace una semana que no le veo. Hace una semana que no me responde. Empiezo a pensar que se ha cansado. Intento pensar que es un cabezaloca, creerme lo que me dicen sus amigos; que tiene una vida desordenada. Intento creer apasionadamente en algo que no existe, para crearlo.
Y mientras intento estas cosas y lucho por no desesperar, me voy dando cuenta de por qué me cuesta tanto trabajo dejar de lado a este niño y retomar mi vida anterior. Y es que mi vida anterior ya no existe. Porque tú ya no estás.
Pues bien, resumo.
Como sabes, y si no te lo he contado ahí va, antes de este fin de semana yo sufría de ansiedad. Porque llevaba una semana sin tener noticias de este niño. Vamos, que ni mensajes ni econtrármelo ni responderme al teléfono ni una llamada perdida ni nada. Cero. Con lo cual yo me estaba empezando a mosquear, como claramente le dije en una nota que le dejé en su casa el jueves. Mosqueado, que no dolido, por lo que me parecía una falta de respeto no a mí porque estuviera con él - que al fin y al cabo le conocía desde hacía más bien poco - si no a cualquier persona en general. Nota por otra parte muy suave y muy equilibrada. Lo suficientemente dura como para que supiera que estaba molesto y no quedar mal si no quería verme, lo suficientemente agradable como para que supiera que seguía queriendo verle en caso contrario.
En cualquier maleta (in any case) me sentía un poco pardillo. Imbécil, hablando en plata. Porque resulta que había estado intentando contactar con él una semana sin ningún fruto. Y si resultaba que no le apetecía seguir conmigo, yo estaba quedando muy mal. Y si resultaba que le apetecía seguir conmigo, ¿a qué coño estaba jugando?
Como no respondía, mis intenciones pasaron de querer quedar con él a querer hablar con él. No para pedirle explicaciones, porque entre otras cosas tampoco teníamos una gran relacion de forma que yo tuviera derecho a pedirle explicaciones. Pero sí para hablar y solucionar malentendidos de forma adulta. No habíamos tenido ningún problema, y me parecía absurdo que no pudieramos hablar de lo que fuera. Por estos motivos, y con la excusa de que yo estaba llevando la venta del disco duro del Herrero al compañero de piso de este niño, me pasé un par de veces por su casa. Por si le encontraba allí.
Y con esto llegamos a la parte de la historia de ayer por la mañana. Pasé por su casa, por el tema de la venta del disco duro. Estaban todas las ventanas abiertas. Incluso la de su cuarto. Pero nadie abrió. Marché, y cuando llegué a casa, a los diez minutos, recibí un mensaje. Adivina de quién era.
Y me decía que necesitaba tiempo para pensar. Que le dejara que fuera él quien me llamara. Y que un beso. A lo cual yo respondí que sentía haberle molestado llamándole, que no se me había ocurrido que no quisiera verme, puesto que nunca me había dado razones para pensar lo anterior. Que pensara, que yo le iba a dejar tranquilo. Y que un abrazo.
Adicionalmente le dije que me tendría que pasar por su casa para lo del disco duro, que sentía invadir su casa, pero que ya me había comprometido con su compañero antes de saber nada de eso. Que le avisaría cuando me fuera a pasar para que se lo dijera a su compañero y para que él lo supiera, y actuara en consecuencia.
Como tras esto me estuve comiendo la cabeza, y ahora que sabía que estaba al lado del teléfono, le llamé. Porque quería decirle que quería hablar con él, que no entendía a qué estaba jugando pero que me gustaría hablar a la cara, de lo que fuera, pero no por mensajitos. No me lo cogió, incluso después de mandarle un mensaje diciéndole que hiciera el favor de coger el teléfono, que sólo quería decirle un par de cosas que eran un poco largas de contar por mensaje. Así que, resignado, le envié un último mensaje diciéndole: "Tú ganas. No te volveré a llamar. Piensa si quieres seguir conmigo o no. Sólo te pido que cuando te decidas me lo cuentes en persona." No estoy seguro de cómo me despedí de él. No sé si dije un seco "cuídate" o utilicé el vocativo "rey", por el que solía llamarle. En cualquier caso, no obtuve respuesta.
Entonces centré mis esfuerzos en llenar mi vida de asuntos y tareas que hacer. Hacerme el disfraz, comer con Fruta de la huerta y el Herrero, ayudar con el disfraz a la gente, disfrazarme, hablar con la Pianista (este es otro tema...), bailar, hacer vida social, ir al mirador de San Nicolás...
Y resulta que haciendo vida social y saliendo a la calle para no pensar en él y en sus historias, voy y me lo encuentro. Macho, ni a propósito. Resulta que estaba yo en el mirador de San Nicolás allí tocando la flauta y la guitarra. Estaba aquello de gente hasta los bordes. Y entonces me parece ver a una amiga de Rey (este niño). Con lo que me levanto, voy tras ella y grito su nombre un par de veces. Se vuelve y hago el típico saludo de cortesía, hablando poco menos que del tiempo. Y cuando voy de regreso a donde estaba mi grupo... me lo encuentro. En ese momento es cuando me di cuenta de que me podría ganar la vida de actor. Porque la naturalidad con la que yo empecé a hablar de la fiesta de carnavales del día anterior y de mi disfraz de elfo/señor-de-la-torre fue aplastante. Y ante su respuesta de "qui forte, encontrarte aquí", le dije con una sonrisa que creía que tenía que hablar con él. Y él me dijo que tenía que hablar conmigo. Me contó que iba a pillar algo de comer, y tal. Me despedí con un "bueno, ahora nos veremos... si vuelves, claro; porque no me extrañaría que no lo hicieras". Tras asegurarme que sí volvería, se marcho. Y me dejó, claro está, con la ansiedad típica de una situación relativamente violenta, y con mi pinza en el estómago.
Tras estar controlando un rato si venía, si no venía, si aparecía o si se había marchado, y dando una vuelta de reconocimiento disimulada con la conversación de La Señora de la Torre (mi cómplice en el reconocimiento), advertí que había vuelto, y que no tenía intención de hablar conmigo. Porque se estaba marchando (el muy cabrón) y cuando se iban él y sus amigos, y haciendo caso omiso del consejo de mi cómplice, me acerqué. Saludé cordialmente a su hermano - una persona muy agradable, por otro lado - y una vez el saludo pertinente le comenté lo de el disco duro de su compañero. Inteligentemente - me parece que su hermano le lleva unos cuantos años no sólo en edad sino también en inteligencia social - su hermano se retiró. Y cuando estuvimos solos, le dije lo que le tenía que decir.
Que tenía que hablar con él. Que ni podía ni pretendía pedirle explicaciones. Que sólo quería hablar las cosas de forma adulta, para no estropear algo que había terminado bien. Que me parecía una tontería que por una estupidez así no pudiéramos terminar bien. Que me parecía una falta de educación lo que me había hecho. Que si yo era un capricho transitorio o que si ya no le gustaba, podía asumirlo, que no se me terminaba el mundo. Pero que no me gustaba cómo estaba tratando de evitar encontrarse conmigo.
Dijo que no era tan simple. Que la situación era más compleja que eso. Que él era el culpable de todo lo que había pasado y que tenía que hablar conmigo, pero que no en ese momento.
Complicado el asunto o no, yo decidí... poner el asunto más difícil aún. Le conté que este momento me tenía esperando, por lo que te relato a continuación. Actuando - bastante bien otra vez, por cierto - e inventándome la trola del siglo le dije que yo ahora mismo podía volver con un ex mío superlindo del que ya le había hablado alguna vez (que tú y yo conocemos) que ahora está con una chica. Le conté que yo había estado muy bien con él (con Rey), y que pasado un tiempo podría llegar a quererle igual que quise a mi ex. Pero que sabía que mi ex me había querido, y que si jugaba bien mis cartas podría volver con él (con mi ex), y caminar de nuevo sobre seguro. Con lo cual, estaba ante dos caminos, y para decidirme, me hacía falta que se decidiera. O que me dijera lo que estaba pasando.
Y se le cambió la cara. Como cuando le dije que había visto a un chico supermono que iba con un amigo mío por San Juan de Dios. Y me contestó: "no te voy a pedir que no vuelvas con él".
No sé porqué me dijo eso. No sé porqué me dijo que llevaba mi carta en el bolsillo, la que le dejé el jueves pasado diciéndole que no me gustaba cómo se estaba comportando, en la que le dije por primera vez algo negativo. No sé a qué narices está jugando. No sé a qué narices viene tanto misterio. No sé lo que va a pasar. Pero es que ni siquiera quiero planteármelo.
Y como no lo sé, y como mecanismo de protección, me pongo en el caso peor. Con lo cual, la situación sólo podría mejorar. De este modo, para mí, oficialmente, lo mío con Rey ha terminado. Me ha dejado. No le gusto, o no me quiere, o no le apetece o compensa estar conmigo. El efecto global es el mismo: no estoy ni voy a estar con él.
Que pueda o no seguir siendo amigo suyo (tema que está íntimamente relacionado con el hecho de que se digne a hablar conmigo o no), es cuestión aparte. En este aspecto ya entra en juego mi filosofía sobre la amistad. A mí amigos no me faltan. Si alguien no quiere ser amigo mío, más pierde él. Para mí el mundo no se termina porque a alguien no le apetezca pasar su tiempo conmigo. Seguro que puedo encontrar a alguien igual o más interesante y que sí sepa apreciar mi compañía.
Del último párrafo se deduce fácilmente que ni siquiera espero que me llame para hablar. Si sucede, bien. Si no, también. De hecho; si no, a tomar por culo.
Sin embargo, me quedo con lo bueno de todo lo que ha sucedido. Seamos positivos: me interesó este niño, y me lo curré. Llegué, ví, vencí. Ha sido un tiempo estupendo. Lo he pasado muy bien con Rey. Fue especial la manera de conocerle, fue precioso cuando le conocí, fueron muy hermosos los momentos que pasé con él. Si no puede continuar, mala suerte. Otro amor vendrá. Mejor aún, quién sabe.
Cuando una relación se termina nadie pierde. Sólo se ganan buenos momentos, historias bonitas y hermosos recuerdos. Nadie pierde, porque no sabemos qué será lo siguiente. Sólo con el tiempo sabremos si fue mejor o peor que se terminara. Y es que, en general, las cosas tienden a arreglarse con el tiempo.
Sólo pierde el que se siente perdedor.
Bueno. Pues resulta que no era exactamente lo que yo creía. Osea, que no es que estuviera con otro tío.
En realidad sí. Al menos estuvo con otro tío hasta antes de conocerme. Y en esa semana maravillosa en la que estuvo desaparecido se volvió a liar con él. Pero vamos, que se supone que eso fue una tontería. O al menos eso me tengo que creer.
Me pidió mil disculpas, que lo sentía, que había hecho el imbécil. El martes pasado le ví, y le dije que se había comportado como un verdadero hijo de puta. Y que tenía una última oportunidad para decirme por qué se había comportado así, de forma que yo me dignara a seguir dirigiéndole la palabra. Y consiguió hacerme esperar dos días más. Hasta el jueves.
Que fue cuando me contó El problema. Que está perdidamente enamorado de un chico que anda por Malasia. Llamémosle Z (muy apropiado para el momento). Y que sólo existen dos tipos de hombres en este mundo para él: Z y el resto. Lo cual me deja a mí en una posición un poco secundaria...
Paso de comerme la cabeza con un niño que está obsesionado con un chico que anda por ahí, con el que mantiene una relación difusa que nunca se termina. Me ha dicho que quiere aclararse, que quiere arreglar su situación con Z, y que ello pasa por hablar con él cuando venga una semana en Abril. Lo cual me honra, sí. Vale, me ha conocido y quiere solucionar lo suyo con Z. Pero es que lo suyo con Z es una obsesión. No se va a solucionar ni hablando con él.
Y es que me ha pedido que me espere. No que le espere a él, si no que no pierda el contacto con él, que no deje de verle, y a ver lo que pasa en abril. Coño. Ya se lo dije en su momento: es que en el fondo me está pidiendo que le siga queriendo hasta abril. Y luego... a comerme un pastel, porque yo estoy seguro de que no se va a arreglar nada.
Así que no le espero. Ya se lo he dicho. El otro día me escribió un documento de Word puntualizando lo que quería hacer (analizarse psicológicamente, aclarar sus sentimientos hacia Z)... hoy le he respondido en ese mismo documento (que podría convertirse en algo así como Atlantis II), escribiéndole básicamente lo que le dije el sábado: que no iba a esperarle. Que no soy kamikaze, que no pienso guardar un sentiento latente hacia él que no va a dar ningún fruto, y que seguro tendré que reprimir, porque estoy convencido que nunca se va a olvidar de Z.
A veces me puede el orgullo y me enfado. Por qué narices desperdicio mi tiempo en un niñato que tiene la cabeza llena de pájaros. A veces me puede el recuerdo y me pongo melancólico. Por qué narices ha tenido que estropearse algo que iba tan bien por un tipo que está en Malasia.
Estoy eternamente esperando algo, pero hay pocas cosas que espere tanto como el próximo mes de abril. Esta mañana le decía:
Si me gustara estar soltera, no me casaría. De hecho, todas las cosas que estoy haciendo en los últimos años van dirigidas a que parezca que estoy casada contigo.
Ése es el primero de los pensamientos que quiero poner. Pero también me estoy proponiendo ser una mujer ordenada y pausada, y lo siguiente que quiero decir (para no mezclar mucho) irá en otro pensamiento.
Mucha gente últimamente intenta imponer su opinión, no basándose en el diálogo tranquilo, sino por otros métodos.
Ninguno de mis amigos va a pegarme, pero se me ocurren maneras (que les hacen quedar muy bien de hacerme daño de una manera u otra. Ahora podría ponerme a hablar de mi concepto de la amistad, pero ¿qué ocurriría si yo no supiera muy bien a qué me refiero? Sé que para ser amigos hace falta poder contar con alguien, sentir su presencia... pero hay detalles, como cada cuánto, que pueden marcar una y otra diferencia. Creo que debo hacer un esfuerzo por entenderme primero, y luego seguir con esta historia....
Ahora me dedico a intentar olvidarme de todo lo que ha pasado, mentalizarme de que esto no tiene futuro y a seguir mi vida normalmente.
Pienso: "que le jodan. Ahí se queda el niñato ese con su cara bonita, con todos sus ex-novios haciéndole la pelota a ver si se olvida de él".
Y al momento siguiente pienso: "ojalá realmente estuviera dudando. Ojalá realmente llegara a quererme a mí y a olvidarse de él". Y me siento imbécil.
Pero, en el fondo, me va bien.
No es que estuviéramos ocupados, ya te lo he dicho. Es jabber, que va como le da la gana. ¿Quién ha escrito el mensaje anterior sobre los amigos que le pueden hacer daño? ¿Qué concepto de amistad es ése? ¿De qué detalles habla?
Es decir, me he planteado seriamente en los últimos tiempos quienes son mis amigos de verdad. Y he llegado a la conclusión de que amigos, en el sentido estricto, tengo muy pocos.
Quizá sean conclusiones demasiado crueles como para desarrollarlas incluso aquí. No es que ponga el listón alto, es que establezco grados de amistad. Y conforme a ellos, actúo en consecuencia.
Porque acaso esa persona que te hace daño no sea tan amiga tuya.
Pues resulta que esta noche se ha puesto un poco malito un niño de aquí del colegio. Y me han llamado para que les acercara en coche al centro de salud, y tal.
El niño, que por cierto es el que nos dejó hablar aquélla tarde que tú estuviste en mi cuarto, se lleva bien conmigo; no es que sea un cualquiera. Lo curioso del asunto es que sus amigos tenían cero de interés en pasarse a las cinco y media (de la mañana) que tiene que tomarse otro paracetamol. Y al final me pasaré yo. Sus amigos parecían estar más interesados en hacerle reir un poco y quitarle dramatismo a la situación que en procurar que durmiera bien y se tomara las medicinas.
Es curiosa la reacción de los que se suponen nuestros amigos en determinados momentos. O a lo mejor es que yo soy raro para estas cosas.
a mis amigos... o quizá es que mis amigos me tienen malacostumbrado, y yo a ellos... O quizá es... empecemos desde el principio.
Ya te comenté lo del niño este y lo de la fiebre... Pues bueno. Ayer yo volvía de mi examen de lenguaje musical en el conservatorio, y me pasé por el cuarto de este niño para ver cómo estaba. Mal. 38.5 de fiebre, un grado más que dos horas antes, cuando sus amigos (he estado muy tentado de ponerlo en cursiva) le dieron un paracetamol. Estaba el niño sólo en su cuarto. Porque todos sus amigos se habían ido a la fiesta de la primavera. Y se habían llevado las llaves de su cuarto (todas, incluso la de repuesto).
Lo de que se llevaran las llaves es grave, evidentemente. Lo de que lo dejaran solo... al menos a mí me parece grave. Hasta donde yo sé, si tengo un amigo, tengo un amigo para las buenas, y también para las malas. Y si tengo un amigo enfermo, pues me preocupo de que no se quede solo. O al menos, de que no se quede solo mucho tiempo. Y si me tengo que perder la fiesta de la primavera porque mi amigo tiene fiebre, pues me la pierdo.
Pero supongo que esto, como muchas cosas en esta vida, es una cuestión de preferencias. O de principios.
y aparece la novia.
La novia no es una persona en concreto: es la materialización de algo que todo el mundo se imagina, es un cúmulo de esperanzas puestas en un algo que resulta que también es un alguien.
Así que si a mí una cosa me resulta incómoda, molesta o inapropiada, pero hace feliz a alguien importante (en los parámetros de importante que tengo que manejar) ¿qué debo hacer yo? ¿La ausencia de estas cosas me haría especialmente feliz a mí? Pues no. ¿Su presencia me hará feliz? No. ¿Hará felices a otras personas? Parece que sí.
Ahora, no diré que son preciosos, diré que son los más bonitos que he visto mientras buscaba esto. No diré que estoy encantada, sino "me alegra que te gusten". Tampoco me pondré triste por ello: es un hecho que son bonitos, es un hecho que lo hacen porque les hace ilusión, y eso es un reflejo de un buen sentimiento.
Pero lo siento, cada día me dan más ganas de llamar a P el sábado por la mañana y decirle: nene, me he cortado el pelo; ponte tú también el chándal; y a ver qué pasa.
no es nuestra felicidad directa. A veces, lo importante, es saber qué tan felices seremos al ver cumplidas las ilusiones de los que nos rodean.
Quieren que trabaje en las olimpiadas de Atenas. Y quieren que trabaje gratis. Y quieren que me busque un piso en Atenas para el tiempo que duren las olimpiadas y un poco antes, para el curso de formación. Y quieren que me pague el alojamiento. Y el viaje. Y todo. Y no me quieren pagar un duro por mi trabajo. Ni que yo fuera una hermanita de la caridad... O gilipollas. Y el que no crea que los griegos son unos cutres, que le tiren la primera piedra. Ea.
ver a un hombre que se había caído desde un balcón cuando iba andando de camino a la escuela.
Escuché como si una botella se hubiera caído del bloque de pisos y se hubiera roto. Y entonces, al mirar hacia el lugar del impacto, vi a un hombre que yacía boca arriba, en pantalón corto y camiseta.
Era una calle un poco desierta, en frente de un descampado, y la imagen del hombre allí tirado era... escalofriante, aterradora y asoladora. Me acerqué como si el pobre señor fuera una bomba que estuviera a punto de explotar. Igual hicieron los del coche de la autoescuela que pasaba, igual hicieron los obreros que estaban limpiando la alcantarilla. No es que le echara sangre fría al asunto, es que tenía la sangre helada.
En ese momento se me olvidó que era socorrista. En ese momento, cuando vi al hombre descompuesto, con los ojos abiertos, inconsciente, y echando baba por la boca, yo quería llorar o desaparecer. La espalda arqueada, los brazos exetndidos, las piernas retorcidas y deformadas y cortes en los pies. Ni rastro de sangre en el suelo. Unos pantalones cerca, un llavero... Sólo Dios sabe que hacía ese hombre antes de caer sin soltar un grito.
A los pocos segundos, salieron unos médicos, enfermeras y señores de la cruz roja que estaban en un centro de hemodiálisis situado a cinco metros escasos de donde había caído este hombre. Los médicos y las enfermeras se pusieron a atenderlo. Yo estaba a punto de decir lo que tenía que haber dicho: "Soy socorrista, ¿puedo ayudarles en algo?" Pero al ver que había mucha gente cualificada allí, y olvidando lo que nos dijeron en el curso ("los médicos a veces saben menos de primeros auxilios que un socorrista"), marché. Con la sangre helada. Con pánico. Conmocionado, asustado. En un estado de nervios que no me hubiera permitido hacer nada.
Me fui a clase, sintiéndome muy cobarde. Con el remordimiento de "me tenía que haber quedado, tenía que haber esperado a que llegara la ambulancia". Consecuentemente, no me enteré de nada en clase. Y luego, después de contarle a mis compañeros por qué había estado blanco toda la clase de procesadores de lenguajes, me fui a casa. No estaba para aguantar a otro profesor mientras tenía la imagen de ese hombre de unos treinta años descompuesto en el suelo en mi cabeza.
Y me fui a casa. Por el camino, en casa de mi tía, me tomé un zumo. Llegué a casa y conté lo que había sucedido a Mami. Me sentía como si ni yo mismo me creyera lo que estaba contando. Y me pasé toda la tarde durmiendo, con pesadillas. Y ni cuando estaba en el supermercado, ni en el concierto de la sinfónica del conservatorio, se me ha ido de la cabeza. Tenía miedo de ir por la calle. Me ha dado más miedo que nunca cruzar el paso de peatones.
Y ahora tengo miedo de no dormir bien. Ver a alguien tan cerca de la muerte así por casualidad no es una experiencia que le recomendaría a nadie.
Hoy ha sido un día horrible.
este verano. A trabajar gratis para los griegos. Y a ver Atenas.
Insisto. NdelT, Lucille, vámonos a las olimpiadas.
paso, paso, paso de ir a Atenas en el verano más caótico desde la invasión turca. No. Paso. Iremos a Santorini este verano no el otro, o si no a Lesbos, a Rodas, a... tantos sitios. Pero a Atenas en Olimpiadas en verano, no. (Atenas+Olimpiadas+verano=Caos+Caos+calor... prefiero Caos+ni dios+fresquito... un septiembre de éstos).
No queda ni una plaza para agosto en el albergue juvenil de Atenas. Y no voy a pasar un mes debajo de un puente, aunque me den entradas gratis para ver atletas sudorosos. No. Me niego. Y más ahora que tengo trabajo...
¿En qué momento de la historia "tengo novio" se convirtió en una excusa válida? ¿Acaso me he perdido 6 siglos de historia?
A Ángel, digo. El caso es que... Ángel vuelve a ser indeterminado.
Vuelve a ser la figura ficticia que era antes de que Rey se convirtiera en Ángel. Ahora echo de menos que alguien me envuelva en sus alas. Echo de menos a nadie, y a la vez echo de menos a todos los que alguna vez fueron Ángel para mí.
En este sentido puedo estar contento. He conseguido abandonar sentimientos que me podían hacer daño. Al menos he conseguido mantenerlos a raya, desterrarlos y enviarlos lejos. Rey está ahí. Le veo y no me duele. Claro que echo de menos tiempos pasados. Pero no con él. Ya no aparece dibujado en mis sueños a la fuerza.
Afirmo todo esto tal y como lo creo. Aunque, muy a mi pesar, me sigue dando una vuelta el estómago cuando me dice contento que le van a dar la Erasmus. Aún me sigue intrigando que se le cambie la cara cuando le digo que yo tengo las cosas muy claras - recordándole que no quiero tener nada con él.
Todo es tan contradictorio... para variar.
a) No tengo novio. Y en absoluto quiero ir a Atenas por ninguna razón sentimental distinta de aquélla frase de Lucille de me gustaría volver a Atenas acompañada - nótese que no es una reproducción literal.
b) Este último comentario me ha sonado al comentario del Herrero que me vino por boca de la Reina Oscura: "ah, entonces, ahora, los chistes a Sabaoth serán del tipo espera un momento que voy a Malasia a comprar tabaco".
c) No me pongo a la defensiva (lo digo por posibles malinterpretaciones de este comentario). En realidad, me lo tomo a cachondeo. Mal me iría si no fuera así.
d) ¿Qué es eso del ácido acético (que por cierto, es una molecula con carga neutra)?
Iba a ser etanol, pero decidí que era más apropiado que fuera vinagre.
La primera parte de 'mi vida y las ilusiones' iba de cómo se me chafaba algún que otro plan con Rey y de cómo yo me sentía un poco... desiluisionado, valga la redundancia.
Y es que ya lo he comentado, en varias ocasiones. Vivo de pequeñas ilusiones. De quedar con Llamada Perdida mañana para ir de compras, del plan para ir hoy a las termas, del café de pasado mañana con tal o cual, de mis prácticas mañana con mi compañero de prácticas - un italiano erasmus muy mediterráneo él... mis días pasan a la espera de esos pequeños momentos que me llenan de alegría. Así que cuando alguno no se cumple... pues es una pequeña alegría que no me llevo. No se acaba el mundo, pero tampoco me apetece sonreir.
Claro. Tenías razón cuando hablabas conmigo por teléfono. Que Rey me falle, me duele un poco de forma especial. Cierto, he llevado bastante bien lo de dejarlo con Rey. Pero también es cierto que es la persona que he estado persiguiendo seis meses. Y a pesar de que me ha podido la razón y me he autoconvencido de que estar con Rey no me conviene, me sigue gustando. Y me sigue haciendo ilusión verle. Igual que me hace ilusión ver a Notengonadaclaro. Y, a pesar de todo mi autoconvencimiento; a pesar de tener la idea fija y el convencimiento de que si me intenta besar alguna vez le voy a volver la cara... sigo dándole caña. Sigo hablándole de los chicos que me gustan. Sigo diciéndole que estoy super ocupado y que no puedo quedar con él, cuando él me pregunta qué voy a hacer después del conservatorio, y después de las prácticas, y después de la cena.
Que no puedo quedar, que estoy ocupado... y le pregunto que porqué me pregunta todo eso, y me responde "por nada, por nada"... Y yo sonrío para mí porque era demasiado evidente que quería verme. Y sigo diciéndole que es casi imposible verle esta semana, y que el fin de semana me voy al Gran Evento y que luego me voy a ver a mi Niño, y que luego es Semana Santa y que me voy a casa.
Le gusto, lo dijo explícitamente en público el domingo... cuando, después de que me hubiera dejado tirado el sábado - recuerdo por si no lo había dicho que se iba a venir a la representación de teatro del cole y una hora antes me dijo que tenía un compromiso, que no podía venir - me pasé por su casa, olvidando mi orgullo, olvidando que me había prometido no llamarle ni verle hasta que no lo hicera él. Pero yo iba vestido de negro y con la gabardina nueva. Había que lucirse. Y allí, cuando sus amigas dijeron que no les gustaban los chicos con el pelo largo, él dijo que a él sí, y me señaló... Y al irme, cuando le señalé una foto del Malasio (Z, como antes lo llamé), me dijo que tenía que quitar esas fotos, que no le hacían nada bien. Y yo le dije que me parecía estúpido que intentara olvidarlo. Que ya que tenía algo bonito con alguien, que luchara por ello. Que ya hablaríamos.
Increíble... ahora que lo pienso, decidí jugar a la seducción, y, por una vez, me parece estar ganando; por una vez, me parece recibir más señales de las que doy... En cualquier caso, y aunque pueda parecer contradictorio, me importa poco. Son poco efectivas. Puede que le guste, pero no estoy dispuesto a tener algo con alguien que a) hace daño a mi forma de vivir, destrozando mis pequeñas ilusiones cotidianas por razones tan sencillas como que "está cansado"; y b) tiene una fijación con un tipo que está en Malasia, con lo cual, y en el mejor de los casos, yo siempre sería el number one del top ten del resto. No me gusta estar en segundo lugar. Y prefiero ser un deseo inalcanzable antes que estar en segundo lugar.
Con lo cual aparece de nuevo el tema central, las ilusiones. (Es que claro, si no soltaba la parrafada cotidiana sobre Rey no me quedaba tranquilo.) En efecto, como antes he dicho, este sábado es el Gran Evento, el viaje... y ver a mi ángel, y ver a mi Niño. Mi Niño me ha dicho que me quede un par de días con él. Además, tengo muchas cosas que contarle, y por lo que me dice, él también tiene muchas cosas que contarme a mí. Y pasar tiempo con mi ángel siempre hace ilusión.
Así que, dejo la ilusión destrozada de esta noche para retomar el resto que tenía planeadas para esta semana. Es lo bueno de las ilusiones, que cuesta recuperarse de una no cumplida lo que tarda uno en encontrar una que ocupe su lugar.
... preparándome con dolor para el Gran Evento como tú lo llamas. Ya has conseguido echarme de la lista de memorias recientes, pero sigo en los comentarios, creo. La verdad es que ando muy cansada, muy llena de cosas super urgentes que hacer (aunque esta noche vaya a ver a los Les Luthiers, ah HA HA).
Mientras estaba en lo otro no sé si habrán venido los del Corti (como dice mi madre) a traer lo que faltaba de la vajilla alemana famosa (que reconoceré aquí en público que me EN-CAN-TA aunque pocas personas la vayan a ver con comida dentro). Je. Suspiro. Ahora tengo que acabar lo de las mesas (que ya entregamos dos días tarde, pero como no baja nota... jejeje) y lo de la página web, que ahora incluye un mapa michelín aparte del esquema sencillo que tardé día y medio en confeccionar. A ver si el nuevo Gimp (cuando me lo descargue antes de irme a la conexión pataterísima de la nueva casa) es más práctico a la hora de hacer tonterías tales como líneas punteadas o líneas, arbitrariamente, rectas, sin que sean curvas de Bezier. O como se diga.
Llevo un par de meses con "Es que no paro" de frase del Jabber. Y me temo que es verdad: estas últimas semanas estamos haciendo menos cosas porque hemos renunciado a que haya ciertos asuntos listos para la boda. Hemos decidido que lo haremos después...
Luego, no sé cómo de bien o mal estaré quedando, pero a pesar de que Lassie me invitó al cumple del Herrero se me olvidó llamar para felicitarle: mal, muy mal. Y tampoco llamé a estos niños para preguntarles qué tal la obra / felicitarles de todas maneras. Y es que A. L. acaba de conectarse y me acabo de acordar... ahora, media semana después.
Y así con todo: todavía no sé a qué persona se refiere el ácido acético de NdelT: porque todavía no me he sentado con calma y con tiempo a hablar con la gente.
Tengo una invitada alemana alojada en un balneario (como las termas, pero institucionalizado) cerca de casa, pero ayer no la vi en todo el día: quería haber cenado con ella, pero no pudo ser. No tengo claro tampoco si la peluquera sabe que la he elegido a ella, y que en algún momento tendrá que practicar el peinado, según me dijo, porque habíamos quedado para aquel día que acabé llorando y no podía más, y decidí no ir. Tengo que ir a limpiar dos casas para que se queden amigos míos y de P: tengo que, tengo que, tengo que.
Y hoy he descubierto una cosa: a estímulos iguales, me duele más el lado derecho del cuerpo que el izquierdo. Ahí queda eso.