y hablando de servicios de mensajería instantánea, ayer me encontré en uno de ellos con mi ex-novia.
Ya es bastante raro (al menos, para la gente que me conoce desde hace poco) que yo haya tenido una novia. Pero la tuve. Lo sé porque ella se hacía llamar mi novia. Luego era mi novia. A veces las cosas se complican, porque ¿si ella tenía un novio aparte, podía a la vez ser novia mía? Parece que sí. Según ella sí. Luego que quede claro que en algún momento fue mi novia. Bien.
Los encuentros con ella son siempre extraños. Durante una temporada siempre que nos cruzábamos (la casualidad lo tenía cada día más difícil, y mejor así) me decía "te llamaré el lunes". Con los años desarrollé la teoría de que nunca me decía qué lunes, luego podría ser un lunes que no hubiera llegado todavía. Porque obviamente al lunes siguiente no me llamaba nunca.
Me decía ayer perro(+) desde el otro lado del charco: pues es una niña normal. Pues sí, es una chica normal. Pero él me ha oído (mucho, me temo) hablar de ella, y eso que la última vez que nos liamos fue hace unos seis años. Que se dice pronto. Luego hubo un momento en que no era una chica cualquiera. Eso no signifiqua que no fuera una niña normal. De algún modo. Recóndito.
Podría contar cosas horribles de ella, también cosas maravillosas, supongo, porque el primer amor es así y con un poco de esfuerzo seguro que recuerdo algún momento especial. Como la primera vez que besé a una chica, sin ir más lejos. Fue con ella, y no es poco. Eso hace que aunque luego pasara lo que pasó, ella siga siendo algo especial.
Por supuesto la conversación (aunque harto intrascendente) ha levantado polvo en mi subconsciente y esta noche he tenido muchas pesadillas, cosas raras sucediendo en Londres, la gente subiendo y bajando, cruzándose conmigo, unos me hablan, otros no. La chica que divulgó por mi instituto que yo entendía no quiere hablar conmigo, pasa sin mirarme a la cara. Otra chica que sí me hablaba, pero no sé qué es peor, se queda un rato conmigo. Esto parece una especie de viaje de estudios (y eso que me negué a ir al mío del instituto, un París-Londres horrible, fue una decisión en contexto muy acertada), estamos en un hotel con literas muy, muy cutre. Tengo que facturar la maleta y cuando llego alguien está tirando su contenido por los aires. Llega Naran y se ríe de mi ropa interior tirada por ahí, pero me ayuda a recoger. La gente se empeña en ver pelis pastelosas (nota del subconsciente: esta peli es un truño). Yo lloro y llevo los labios pintados de negro. Fuera la gente grita mi nombre: es el gran día ¿qué día? En el cine, Alexis, el de Altanet, era el taquillero y me había regalado cuatro entradas para el baloncesto, pero no vamos a poder ir.
En el instituto pasaron cosas muy raras que no contaré hoy, ni creo que en realidad sea plan de publicar.
Lo de ayer fue raro. La había visto conectarse otras veces, pero normalmente desaparecía en el acto. El usuario aparece como desconectado y puede que no conteste. Quizá me estuviera prohibiendo. Pero ayer no lo hizo. Me mandó una foto suya, de presentadora. Iba muy guapa. Perro(+) dice: pues es una chica normal.
Pues sí.
cuando terminaran todos los cambios previstos de principio de curso, uno iba a estar estable. Que todas las ilusiones generadas durante el verano de volver a ver a los amigos, de compartir tu vida con ellos, se iban a realizar.
Lo que no entiendo pues es este sinvivir. Parece como si todo fuera monótono, muy en contra de mi voluntad; como si en realidad no hubiera habido ninguna ilusión por volver a estar aquí después de haber pasado todo el verano fuera. Me aburro. Pasan las horas sin que ocurra nada interesante. Y me pregunto en qué medida todo esto no es culpa mía. Porque, para variar, vuelve a pasarme lo mismo.
A ver si me explico...
Un Amigo muy sabio me dijo una vez que buscar alguien a quien querer, a quien amar, es un poco como buscar un tesoro hundido en el mar. Somos buzos que rastrean los abismos marinos, en busca de ese cofre preciado cargado de riquezas. Y que, de vez en cuando, encontramos por casualidad un cofre, que promete ser aquéllo que buscamos, nuestro tesoro apreciado. Y nos acercamos, investigamos, para comprobar que efectivamente es el cofre que nosotros buscamos, o si se le parece. Al abrirlo... puede que sea nuestro tesoro o simplemente un viejo baúl lleno de baratijas que se cayó de un buque mercante.
A veces creo encontrarme con el cofre que ando buscando. Lo peor de esto es que cuando creo encontrarlo, se altera tanto mi vida que a veces me asemejo más a un fantasma que vaga en busca de consuelo que a una persona. Porque sólo vivo para tenerlo, en tal medida que mi vida sin él no es tal. "Es el sueño que se ha vuelto una obsesión", que dice Ana Gabriel.
Quizá esta obsesión sea lo que lo enrarece todo, lo que tergiversa la realidad hasta hacerme creer que no puedo estar sin esa persona que deshace mi vida y la reconstruye con la misma facilidad que se sale y se entra de una habitación.
Pues como te iba diciendo, es irónico que hayas escrito hoy... justo hoy que le he dado a parar cada vez que he encendido el navegador. (Porque es mi página de inicio...). Es curioso como uno puede acostumbrarse a la falta de novedades, y le sorprenden las cosas buenas.
Por ejemplo: hoy me han traído por fin el adaptador PS2>USB para el teclado nuevo. Y la pregunta puede ser ¿ah, ya te han traído el teclado? Y la respuesta es: sí, me lo trajeron, me dijeron: aquí está su teclado USB. Y cuando llegué a casa, por supuesto, era PS2.
No contentos con eso, llamé a la tienda y me dijeron que me tendrían el cable listo para el sábado siguiente, que les llamara antes de darme todo el viaje (la tienda está cerca del trabajo pero lejos de casa).
Y no contentos con eso, cuando llamé el sábado me dijeron que tal conversor no sólo no les había llegado, sino que no existía y que lo más práctico era que devolviera el teclado.
Por supuesto lo llevé (efectivamente, me pegué el viaje y cargué de nuevo con la mega caja del mismo) para luego constatar que, efectivamente, se habían equivocado, el cable existía y estaba en camino. Los chicos de la tienda sintieron mucho haberse equivocado y se lanzaron miradas asesinas los unos a los otros. En fin.
¿Qué hice yo? Lo natural en esos casos. Les dejé allí el teclado (me dieron ganas de devolverlo de verdad, como con el rollo de la impresora nueva, pero de eso hablaremos luego). Digo, les dejé allí el teclado y les dije: cuando tengáis lo otro me llamáis y vengo a por todo. Confío en vosotros. Nota mental: hoy paso de cargar el puto teclado por toda la ciudad otra vez.
Y nada, ayer llamé y la chica (que está hiperbuena y es muy simpática y quizá le guste) me dijo que ya tenían el cable. Hoy he ido a por él.
Aparte, he aprovechado la visita para mirar ropa interior masculina, comprar pescado y marisco fresco (suena mejor que sardinas y calamares, que es la verdad) y pan recién hecho, calentito. Lo hacen en hogazas de tres kilos, te parten una rodaja y te la pesan. Es maravilloso. Huele divinamente. Todavía me queda. Hmmmm.
Al volver perro(+) seguía conectado, a pesar de la diferencia horaria. Hemos estado hablando de lo divino y lo humano, pero sobre todo de Méjico, la amistad y la basura de mi conexión.
Luego he estado preparando las sardinas (fácil) y limpiando los calamares (pringoso). Limpiar calamares me ha recordado a mi facultad. Revisemos las cualidades de los calamares que me pasaban por la cabeza en ese momento:
Pero por supuesto esto no tiene nada que ver con mis entrañables compañeros de carrera. No. En absoluto. Qué va. Me acordaba de mi facultad porque estoy en papeleos para sacarme el título. Sí. Fue por eso.
Yo no es por nada pero me acaba de decir perro(+) que su edificio está en llamas. Y no puedo sino fliparla. Así que fin del post . Me voy a hacer deporte (sí, los calamares fritos engordan... y la mensajería instantánea también). Volveré pronto. Besos.
Sí. Escribo hoy por primera vez en mucho tiempo. Cosas de mi conexión a internet. Intuyo que con el tema del tesoro antes explicado se sucederán una serie de posts monotema. Espero que esta nueva etapa no sea peor que la última (en la que no escribí nada durante una semana).
Al final basta una sola sonrisa, un momento en compañía de Ángel para que toda mi vida se arregle.
He decidido llamarle Ángel. No se llama así, evidentemente. Al igual que Lucille y Sabaoth (los autores del presente hotel Atlantis) no son más que seudónimos. Y he decidido llamarle Ángel a este mi tesoro por diversas razones.
Bueno, en principio pensé en llamarle mi ángel, así en genérico. Pero claro, mi ángel ya es el otro propietario de este diario. Y he pensado que Ángel es un nombre bonito. Y además, esta persona en concreto me recuerda a un ángel. Y es como si aliviara el peso de mi tristeza cuando está conmigo. Por eso es un ángel. Mi Ángel.
Como decía, basta una sonrisa de Ángel para que todo vuelva a la normalidad. Para que la felicidad me embargue de nuevo. Esto suena demasiado cursi incluso para un pensamiento filosófico en un diario... Sé que suena estúpido. Pero es como si todo estuviera oscuro y la luz reapareciera cuando paso un rato con Ángel. Y sé que soy estúpido. Que me estoy dejando llevar por esta obsesión que sería relativamente controlable si lo intentara. Pero es que a veces me da la impresión de que yo fuera un niño, y que este fuera mi juego. Y que aunque sé que me puedo hacer daño, porque es un juego peligroso, quiero jugar.
Sé que mi futuro no pasa por Ángel. Que es un capricho estúpido, como cualquier otro. Un capricho irrealizable, por otro lado. Y que sería mucho más práctico invertir mis fuerzas en algo o alguien que me diera garantias de poder hacerme feliz. Pero... cuando lo veo venir, a lo lejos; o cuando llego a un sitio y está Ángel, de repente se me olvidan todas estas reflexiones prácticas y la ilusión me llena. Y disfruto tanto de esos momentos en los que lo tengo cerca que sería capaz de firmar una vida llena de tristeza y sufrimiento por tener de vez en cuando la mirada de Ángel.
A veces me asusto. Acabo de escribir que daría la vida por una mirada, o por una sonrisa. Lo peor es que aún siendo perfectamente consciente de lo que he escrito, sigo pensando igual.
Ángel cambia.
Se transforma. Deja de ser de una manera para transfigurarse en otra completamente distinta. El hecho es que, esté donde esté, Ángel siempre está presente.
En 'después de la tormenta...' Ángel tenía el pelo castaño oscuro, lacio y fino, y unos ojos pequeñitos y oscuros llenos de vida. Pero ese Ángel se fue, y vino un Ángel con los ojos también llenos de vida, pero grandes y sinceros, con el pelo negro y recio, fuerte, fuerte como lo que yo sentía por él.
Ángel siempre está conmigo. Se presente de una manera u otra, siempre viene conmigo. Empiezo a pensar que Ángel no es más que todas mis ilusiones enfocadas sobre alguien concreto. Todas mis ganas de quererer, de amar, de ser querido y de ser amado; todas mis esperanzas, todas mis alegrías y todos mis secretos, delegados en una figura humana, en alguien concreto que encaje más o menos con lo que yo quisiera que fuera la persona que compartirá la vida conmigo.
Puede parecer incluso cómico, o ridículo, el hecho de que siempre tenga que tener a un Ángel. Que siempre tenga que estar pensando en alquien, que siempre me tenga que estar preocupando de tener a alguien cerca. Y que esta persona concreta pueda cambiar con la facilidad que alguien se va de fin de semana, y vuelve al cabo de tres días. Pero es que esa ilusión es la que me mantiene vivo. De hecho, encontrarme con esa ilusión es una de las cosas que me indica que aún puedo sentir, que aún mantengo la esperanza, que aún creo que Ángel llegará y que seré feliz a su lado.
El otro día casi creí tener a Ángel. Creí que iba a ser mío, que lo tendría para mí y que podría disfrutar de su presencia, de su aura, al menos durante un tiempo. Y al cabo de tres días, me robaron esa ilusión. De repente, Ángel volvía a estar lejos. Volvía a ser un objetivo que se aleja, mientras lo veo hacerse pequeño, mientras lo veo cada vez más inalcanzable.
- No sé... a mí me parecía bonito verte tan ilusionado. Aun imaginándome más o menos cómo terminaría el asunto, me parecía bonito. Y no me parece justo que nadie te robe esa ilusión.
Me decía NdelT esta noche. La ilusión de tener a Ángel fue bonita. Hermosa. Preciosa, incluso.
Pero, cuando yo me hice con esa ilusión, era perfectamente consciente que podrían robármela. Fuera justo o no.
No me afecta en gran medida. A lo mejor es que ya me estoy acostumbrando a que me roben las ilusiones.
...y por eso tengo pruebas para demostrar que las reacciones que estoy sufriendo ante la noticia son ciertas. Ya hay que dejar a un lado todo el rollo de mi sexualidad y espiritualidad (algo chungo) y los celos entre amigos (chungo) para centrarse en frases como "siempre me consideraste una tontita follable" (muy chungo).
En fin, al final todo queda en un susto y un malentendido, pero ahí quedan colgando las preguntas (¿no sería más fácil estar con tías y que me dejaran en paz?). Preguntas, aún más en este weblog, altamente irónicas, a estas alturas de la vida y ante las actuales circunstancias.
Para mí lo importante fue siempre la persona, más allá del aspecto físico y los cromosomas de cada cual. La mujer de mi vida no ha aparecido aún y no creo que lo haga. Mi primer amor (amor del bueno, del que duele de verdad, del que deja cicatriz) fue una ella pero podría haber sido un él: mismo da. Me dejó con esa crudeza con la que dejan las chicas y no quiso saber nada de mí porque se sentía culpable de haberme hecho daño sin necesidad. Así son ellas. Incomprensibles.
Dejo este pensamiento con más confusión de la que tenía al entrar. Consuelo: ahora por lo menos... está todo grabado.
Ángel existe incluso en contra de mi voluntad. Digamos que cuando consigo olvidarme un poco de él, vuelve a aparecer, a entrometerse en mi vida, de forma que yo no puedo hacer otra cosa que volver a prestarle atención.
Es como si esa ilusión robada nunca terminara de marcharse. Como si el que se la lleva me la quitara para dejarla abandonada un poco más adelante. Como para que la volviera a coger.
Ángel, que después de los últimos acontecimientos estaba un poco más distante, vuelve - en la imagen que adoptó al principio de curso (ver 'después de la tormenta...' e 'ilusiones robadas' para más información). Aunque, no sé hasta qué punto sigo interesado en acoger la ilusión que tuve en su momento. No sé si es escepticismo. Generado acaso por el gran número de desilusiones que he tenido a lo largo de todas las formas de Ángel, o por las pocas esperanzas que siempre he albergado. Puede que sea también instinto de protección. Porque realmente volver a ilusionarme con una de las figuras anteriores de Ángel sería muy estúpido por mi parte. Si una vez me dejó, ¿por qué no iba a hacerlo más veces?
No sé si me explico... Ángel aparece, me llena la vida de esperanza y de felicidad y me abandona. Se transfigura y vuelve a esperanzarme y a ilusionarme, para volver a desaparecer. Hasta que encuentre otra forma mejor de materializarse.
Igual es que estoy ya hasta las narices de que todas las ilusiones que Ángel me ha traído se me hayan escapado de la misma dolorosa y amarga forma.
No sé qué se puede contar ahora. Os contaría mis desdichas informáticas (como mi antigua impresora, como la nueva, como el rollo interminable del teclado y los problemas de intentar pasar de Word a LaTeX documentos largos en varios idiomas y codificaciones, como intentar encontrar unos subtítulos y un proyector de los mismos sin encontrarme continuamente en callejones sin salida... algo como todo eso) pero creo que no es el momento.
Ayer salieron algunas de las fotos. Cada vez que me apetece puedo mirarlas, salgo de traje (con el traje), con una sonrisa que se me caen las orejas. Por supuesto no se pueden ver, y me da mucha rabia que tenga que ser así (soy del tipo de persona que si ya te ha comprado el regalo no puede esperar a dártelo en tu cumpleaños). Pero sin duda es mejor así. Por mucha rabia que me dé.
Ayer me di un trastazo en el meñique de un pie y hoy lo tengo lila, después de haberme roto la uña del meñique del otro el día anterior y el anterior del dedo gordo. Es sorprendente cómo puedo seguir caminando después de esto, y uno se pregunta si no será hora ya de ir poniéndose zapatos de invierno (tiembla, camper). Pero aquí sigue sin hacer frío. Creo que será algo más rallante (¿rayante?) cuando llegue noviembre.
El pensamiento filosófico del día no lo pongo yo, sino él:
A mí Dostoyevsky no me aporta nada: yo ya tengo mi filosofía de la vida, ya tengo las cosas muy pensadas. Él cuenta su filosofía incluida dentro de la historia, pero claro, la historia sufre y no es tan buena como podría serlo. A mí me va más que me cuenten buenas historias, bien contadas, como Pérez Reverte. Llevo pensando todo el día, y leo un libro para entretenerme, para descansar, un libro que otro se ha calentado la cabeza para escribir.
Me hace incluso gracia ver cómo en un momento, en un instante ínfimo de tiempo, han demolido todas mis ilusiones. Ya no hablo de las ilusiones de estar con Ángel, ni siquiera de ver a Ángel ni nada por el estilo. No son ese tipo de ilusiones las que me han robado.
Porque esta noche se acaban de caer todas las cosas por las que yo luchaba. Porque me han confirmado (en realidad ya lo sabía, pero no quería creérmelo) que el hecho de que yo abogue por una cosa o por otra carece totalmente de sentido. Porque puede venir alguien de arriba y tirarlo con una sola frase.
Esta noche, por primera vez, quisiera irme del colegio en el que vivo. Yo pensaba que podía conseguir un poquito de justicia, de igualdad, de entendimiento... esos ideales que siempre se ven lejanos en lontananza, pero que cada día, con la ilusión que le ponía, veía un poquito más cerca. Pero ahora me cuentan que esos ideales en los que yo creía, esa justicia por la que luchaba, no era más que una ilusión.
Porque, al fin y al cabo, los que mandan son los que tienen la última palabra. Y a veces los de abajo no nos enteramos de esa última palabra. Muchas veces no nos enteramos porque ellos no quieren. Así seguimos luchando por algo que no existe; aunque nosotros no seamos conscientes de lo incorpóreo, inútil e improductivo que resulta nuestro trabajo en realidad.
... el colegio con el universo. Sé que es fácil de decir desde fuera (y una de las razones de estar fuera es que siempre estuve lejos de ese concepto). Pero es cierto y hay que afrontarlo: por mucho que pase en el cole, por muchas hecatombes que sucedan, aunque aboliesen las fiestas, los ciclos de cine, la libertad de expresión, mascar chicle, seguirá siendo un rincón del mundo que creías tener bajo control y creías que llenaba tu vida, pero no.
Lo siento, pero el cole es y seguirá siendo, por naturaleza, más un lugar de evasión que de concienciación. Corrígeme si me equivoco.
... si me ha quedado muy radical en este estado de cosas, pero yo misma estoy desengañadísima del colegio y de lo que pudiera significar.
Siempre me admiró que creyeras en él y te creo capaz de cambiarlo. Pero a mí nunca me ha llenado. Siento no ser de un gran consuelo.
Lo siento
bueno, que no se me debería dejar escribir por las mañanas.
No pillo lo simbólico de las cosas, antes del desayuno. Apenas soy persona, pero me voy recomponiendo según pasa el día.
De hecho, comprendo perfectamente que las batallas sean al amanecer: personalmente, es el momento del día en que me imagino cargándome a alguien.
De ahí que estuviera dispuesta a mandar al colegio a tomar por saco a las primeras de cambio, sin analizar medio profundamente otras cosas que se me han ido ocurriendo durante el día. Creo que la relativización de esta mañana no se me ha dado muy bien. En todo caso, me gustaría que sí que permaneciera una de las cosas: no todo el mundo se derrumba, no se acaban las cosas por las que luchar. Si luchamos por las pequeñas no es para rendirnos cuando no funcionan, sino para que no se acabe el mundo si no acaban de marchar.
Sé que es una pena que un sitio como el mayor (que se supone que tiene todo lo mejorcito de ya sabemos qué universidad) parezca estar hundiéndose irremisiblemente en la mierda (aunque aún no hayas dicho qué es en concreto). Se supone que con un material como el que entra, no deberían ocurrir las cosas que ocurren como si estuviésemos permanentemente en la plaza mayor de una aldea perdida. Pero no. Y no debes dejar que eso te afecte más allá de lo que a todos nos afectan las ilusiones perdidas y las fuerzas gastadas.
Supongo que como siempre, tenemos que volver a darnos de cabeza con la misma pared, cada uno con la nuestra personal, hasta que caiga.
mientras estoy tumbado en mi cama. Mi linux Debian ya es algo más que una triste consola. Ya tengo un escritorio (Gnome) con ventanas bonitas y esas cosas.
Me he pasado toda la tarde instalando paquetes a mano: primero el servidor gráfico, para tener algo más que un triste modo texto. Después, el escritorio. Después, el gestor de ventanas. Y así toda la tarde. Poniéndo parámetros al arranque para que mi pantalla se vea bien... Y después de todo este trabajo...
el ratón no funciona.
He configurado la pantalla a la primera. Creo que ha sido potra. Y se ve perfectamente. Ahora bien, no tengo ratón. Llevo toda la tarde trabajando con el teclado. Y claro, un entorno de ventanas sin ratón, no es práctico.
Pero qué le vamos a hacer. Al menos, la Debian no ha podido conmigo.
Maldito orgullo informático...
Como no podía ser menos y dado mi orgullo informático, terminé de instalar mi Debian. Copié un fichero de configuración de otro sitio y conseguí meterle el ratón por el culo a mi entorno gráfico.
Ahora bien, cuando ya funcionaba todo, pensé. "Me acabo de construir un sistema operativo. Podría seguir construyéndomelo hasta tener lo que yo quiera. Pero también podría instalarme uno ya hecho (como el Gnome Live cd que tengo) y pasar de complicarme la vida. Total: ya sé hacerlo."
Regla nº 1 del ingeniero informático: si ya hay algo hecho, no lo hagas de nuevo, cópialo.
Nótese el especial énfasis en la última frase del penúltimo párrafo. Ya estaba tranquilo conmigo mismo después de haber podido instalar una distribución Debian yo solito, de haber construido un entorno gráfico desde cero. Ya le había ganado la batalla a mi linux. Así que ya podía dejar de perder el tiempo e instalarme un sistema operativo completo que me detecta incluso mi cámara digital, y pasar de construirlo yo.
Total, si ya estaba hecho.