Los autores desean dejar claro que las expresiones "empezar" y "terminar" de pensar no implica que no estén o puedan estar pensando el resto del tiempo. Es la responsabilidad única y exclusiva de los lectores discernir la cantidad de reflexión previa incluida en los pensamientos de este sitio web. Asimismo el hecho de que un archivo sea "olvidado" de la memoria virtual del ordenador no implica ningún tipo de manipulación mental real de la memoria física de los autores o los lectores.
Es la primera cosa que escribo, y que no es un mensaje de prueba para ver si el HTML está bien formado.
Quisiera escribir sobre algunas de las cosas que me rondan la mente estos días de finales de verano. Y tengo tantas cosas de las que escribir que estoy bloqueado y no sé sobre qué hacerlo. Y no puedo escribirlas todas... ocpuaría demasiado tiempo y espacio.
O a lo mejor lo que quisiera sería escribir no lo que recuerdo, no lo que ya fue, sino lo que será. A lo mejor es por eso por lo que no puedo escribir: escribir sobre el futuro es muy difícil.
Lo peor de todo, y lo que lo hace más difícil, es que ni siquiera sé lo que quiero que ocurra en el futuro.
Si tamaño, dureza y aguante lo fueran todo, no haría falta que hubiera alguien al otro lado de la polla.
Iba a escribir un pensamiento melodramático, pero me ha surgido una cosa más interesante. Estaba mi hermana viciándose al mIRC en el IRC hispano y ha entrado en uno de estos canales tristes en los que hay poca gente, cuyo nombre guardaré en el anonimato para no ofender a nadie (por lo de canal triste).
Lo interesante era el 'topic' del canal. A saber.
"Han secuestrado a David Bisbal y a David Bustamante. Los secuestradores han dicho que los sueltan si les pagan medio millón de dólares o si no los quemarán vivos. Haz tu donación. Ya llevamos 28 garrafas de gasolina y 330 mecheros."
Y que conste que a mí no me caen mal los de operación triunfo. Sólo es que no puedo verlos.
Hacía mucho tiempo que mis amigos no pasaban por mi casa. En fin, creo que ha sido un alejamiento mutuo y progresivo. Ellos ahora tienen a otra gente con la que salen, van a la playa, etc. Intenté, a principios de verano, seguir saliendo con ellos. Intenté un par de veces que fueramos juntos a tal o cual sitio. Pero no sólo no cuajó, sino que además encontré negativas escondidas detrás de excusas relativamente burdas...
Después de aquello habrán venido a mi casa dos o tres veces. (N. del A.: normalmente venían todas las noches para salir a darnos una vuelta.) En cualquier caso me da un poco igual; de hecho lo he demostrado, puesto que he 'no salido' el 100% de estas veces que me han llamado. Es que no soporto a los nuevos amigos de mis amigos.
Hoy han venido a llamarme. Era el cumpleaños de uno de ellos. No sé si se han pasado por eso o porque ya tocaba. En cualquier caso me da un poco igual. No es que no les tenga cariño... aunque ya no salga con ellos les sigo queriendo bastante; han sido muchas aventuras juntos las que hemos pasado como para olvidarlas ahora de golpe.
Les tengo cariño, como digo. Pero es que hoy por primera vez me he dado cuenta de la gran distancia que ahora nos separa.
By believing passionately in something that still does not exist, we create it. The nonexistent is whatever we have not sufficiently desired. (Nikos Kazantzakis)
A veces se oye decir que somos en contraste con los demás, en comparación con los demás. Es decir: yo llego hasta donde empiezan los otros, como los países. Pero normalmente no tenemos una visión clara de quiénes somos: a veces hay que estar solo para redescubrirse, porque en la multitud nuestros rasgos se superponen en la zona fronteriza, y no nos damos cuenta de qué es de un lado y qué de otro. Y además parece dar igual.
Después de un tiempo sin nadie, me visita mi hermana. Hubo un tiempo en que no se sabía si tal o cual juguete, o tal o cual jersey, o tal o cual dibujo era suyo o mío. Ahora me encuentro escondiendo cosas que no quiero que se encuentre, cosas que forman parte de la normalidad cuando ella no está, y me doy cuénta hasta qué punto he disfrutado de intimidad hasta ahora.
Porque son las cosas que escondemos las que pueden cambiar la visión que los demás tienen de nosotros mismos. Porque aunque lo sepan no es necesario que lo vean. Porque nos gusta pensar que controlamos nuestra vida, escondemos algunas cosas.
Pero es inútil, porque a los que nos quieren no les importa.
Puedo volar
pero quiero sus alas
Puedo brillar
incluso en la oscuridad
Pero anhelo la luz
que él trae
deleitarme en las canciones
que él canta
mi ángel Gabriel
Puedo amar
pero necesito su corazón
Soy fuerte
incluso sola
Pero de él no quiero separarme nunca
ha estado ahí desde el mismo principio
mi ángel Gabriel
mi ángel Gabriel
Bendito sea el día que vino a mí
alas de ángeles le trajeron a mí
celestialmente
Puedo volar
pero quiero sus alas
Puedo brillar
incluso en la oscuridad
Pero anhelo la luz que
él trae
deleitarme en las canciones
que él canta
mi ángel Gabriel
Una vez mi ángel me dijo que yo tenía un corazón de oro, de platino,
o de diamante.
Y que así era, como el diamante: duro y frágil a la vez.
A lo mejor en mi naturaleza de diamante reside la razón de que esté llorando en este momento.
Muchas veces he pensado que si el mundo fuera menos egoísta, que si los humanos fuéramos menos egocéntricos y pensáramos más en los demás nos iría mejor. Que todo funcionaría mejor.
Porque dejaríamos de velar por nuestros propios intereses para poner los intereses de los demás por delante. No habría gente sola, no habría gente sin apoyo, no habría gente incomprendida ni habría posturas radicales, porque todos pensaríamos un poco en los demás antes de pensar en nosotros.
Evidentemente, este, como tantos otros, es un pensamiento utópico para un mundo utópico. Pero que quizá aplicado mesuradamente a nuestro mundo, a nuestra manera de vivir, produciría resultados mejores de los que ahora tenemos.
Yo por mi parte, lo intentaré.
Si tuviera que cometer un pecado y pudiera elegir, el último que elegiría sería el egoísmo.
Ayer no podía escribir. Se me paralizaba la mano de dolor. Ni siquiera podía usar la pantalla táctil del ratón. Y tenía que escribir aquí, en el weblog. Hoy me sigue doliendo, pero no tanto. Apoyo el brazo en la carpeta de discos de las Supernenas, que está moderadamente blandita, y puedo hacer cosas: un poco de Photoshop, esto, y espero que algo de Dreamweaver después... No es para tomárselo a risa, porque mi trabajo discurre delante de un ordenador. Y si no puedo usar la derecha es imposible trabajar. Al menos, a un ritmo que me permita vivir de ello.
Y también resulta que ahora me comunico con el teclado. Y oí un grito por la pantalla, un grito de ayuda. Los ángeles tenemos otros ángeles a los que proteger. Y no pude hacer nada.
Como en la pesadilla de las toallas, mi miedo es siempre llegar demasiado tarde.
Nos mudamos por el ciberespacio, vagabundeamos buscando cobijo, pero el Atlantis Hotel existe, lo he visto esta tarde. Me recuerda a Sabaoth. ¿Vendrás alguna vez?
...y mis errores por valentía o inconsciencia, a veces no los distingo, los Smashing Pumpkins siempre rascan las paredes de mi mente, siempre miran detrás de los muebles, qué debería hacer, love, love is who you know, love, love, y el amor siempre duele si no no sería amor, todo tiene un precio y el amor es lo único por lo que estamos dispuestos a pagarlo todo, sangre, vida, tiempo...
Al fin hemos instalado definitivamente nuestro hotel, como bien decía mi ángel. Tras mucho buscar y probar, tenemos nuestra mente digital en un rinconcito del inmenso ciberespacio. Nuestro hotel en este sitio inhumano por momentos, de lo impersonal y anónimo que puede ser.
Todo parece encajar. Nuestro hotel instalado, un lugar de descanso para quien quiera aceptarlo. Un lugar humano y acogedor. Todo parece ordenado.
Aunque el orden, como muchas otras cosas en esta vida, no es más que una ilusión efímera.
... el cielo abrió mi corazón
y entraste tú, más rápido que una bala
y con la precisión
del bisturí de un cirujano plástico.
Y en el infierno se oye mi voz,
gritando
¡amor!,
gritando
¡te quiero!
No hay remedio,
ya no hay solución...
McNamara
Todos los veranos sueño con él: el de esta noche ha sido uno más de una serie de dulces sueños eróticos como los llama una de las dulce doctoras que ambos conocemos. Pero para mí no tienen nada de dulces, porque siempre es él, él empapado, él como nunca ha sido, él como nunca le he visto, totalmente en posesión de la situación, y yo cayendo, cayendo de lo que soy y siguiéndole como no hice, o casi no hice (suspiro), nunca.
Esta vez me juzgaba un tribunal informal, me juzgaban por no haberle seguido, por no habérmelo tirado como es mi impresión casi todos los del grupo (qué irónico suena ahora) piensan que debería haber hecho, olvidando a la única persona que, en toda mi vida, me ha dado paz...
I only hear you breath somewhere in my sleep, but it is only when i sleep..., como dicen los Corrs, porque la realidad es bastante distinta: en el mundo real no me coge el teléfono. Dice que siempre le llamo a horas intempestivas: muy tarde o muy temprano. Pero ¿es culpa mía si cuando realmente lo necesito estoy en la cama?
Necesito encontrarme con la realidad que es él para olvidarme de cómo es en mis sueños, de su piel, de sus besos llenos de odio y desesperación.
Pero mi ángel me ayudará, ¿cierto? Y mi amor...
Así que aquí estoy, en el paraíso, con un pequeño infierno nocturno, gritando ¡amor!...
Parece una frase de un periodista dando el parte meteorológico. Pero es una buena metáfora de lo que son estos días. Las cosas están un poco alteradas. Mañana no dormiré en casa, porque tengo mi (único) examen de septiembre el próximo lunes a las 9. Y no es plan de levantarse a las 7 y conducir una hora entre el sueño y los nervios.
Pues eso. Mañana se revolverán un poquito las cosas. Y esto no es otra cosa que el preludio del futuro más inmediato. Esta semana siguiente, si salen las cosas bien, saldré de viaje. Y estaré fuera cuatro días. Volveré justo a Granada el primer día de coleg... Oh, por cierto. Vivo en un colegio mayor.
Lo cual supone un número n (n pertenece al conjunto de los números naturales) indefinido y grande de cambios cada año al llegar. Gente nueva, probablemente cuarto nuevo, curso académico nuevo, nuevas asignaturas, nuevas actividades... Quizá sea que ya se aproxima todo esto lo que me hace estar algo impaciente por el cambio de mañana.
A veces, a estas alturas del año, me entra un poco de miedo. Por no saber cómo van a evolucionar las cosas. No es que me coma la cabeza pensando todo el árbol de posibilidades que se abre ante mí; ni me paso las horas intentando pensar cómo controlar estas posibles situaciones. No soy de ese tipo de personas, que se preocupan más del futuro que del momento en el que viven - lo cual no es necesariamente malo.
Pero me consuelo pensando que tengo cosas que nunca cambiarán. O que será muy difícil que lo hagan. O que, si cambian, será relativamente fácil recuperarlas. No sé porqué pienso que tengo cosas inmutables... en realidad no podría demostrar que lo fueran.
Lo único que puedo alegar como razón para creerlo así es que... eu... podría... hm...
es como si sintiera que tengo un ángel que las vigila.
porque es curioso pensar cómo estar en casa no depende del lugar, sino de la compañía, como he dicho tantas veces.
Una persona muy querida me dio dos consejos que a su vez le dio su tío. Uno de ellos es un pequeño cuento, y el otro una técnica de esas que intentan mejorar tu vida. Y de paso la de los demás.
Consejo A. Sobre cómo actuar ante los insultos.
Estaba un día un señor insultando a otro. Y el señor insultado aguantaba plácidamente los insultos mientras leía el periódico. Y el señor que le insultaba lo siguió haciendo durante unas dos horas, hasta que el insultado terminó de leer el periódico y le comentó muy tranquilamente al que le insultaba:
- Imáginate que unos invitados llegan a tu casa, y te llevan un obsequio, como por ejemplo, una botella de vino. Si tú no quieres el vino, ¿de quién es la botella?
- De los que la trajeron, por supuesto - le respondió el señor que insultaba.
- Pues eso es exactamente lo que ocurre con tus insultos - alegó el insultado -. Tú me visitas, y traes unos insultos como obsequio. Yo no los quiero, y por lo tanto son tuyos.
Consejo B. Sobre cómo hacer tus días más felices.
Supongamos que tenemos un reloj configurable. Supongamos que configuramos nuestro reloj para que la alarma suene a cada hora.
Supongamos por otro lado, que hacemos la promesa de sonreir cuando la alarma de nuestro reloj configurable.
El resultado de todas estas hipótesis es un día mucho más agradable para nosotros y para los que nos rodean.
Se me ha echado en cara que me pongo muy filosófica. He aquí, pues, una visión de mi realidad cotidiana.
Mi teclado está atascado en Atenas. Es decir, un teclado bastante bueno de mocosoft (con sus teclas de acceso directo, su ratón óptico de regalo, tal) a un precio razonable, obviamente con teclas griegas pero configurable, totalmente bajo mano: lo que justifica la conjunción del factor uno y el dos. ¿Genial?
Bueno, pues no. Una vez lo dejé para el día siguiente y ahora no quedan, y al parecer en Atenas los mocosoftquiensean tienen un pequeño lío (mocosoft+grecia=caos) y el teclado no sé en qué barco llegará... bu... y yo con la muñeca hecha polvo... jo.
Cuando pongamos el sistema de comentarios haré cosas como pedir consejos sobre ergonomía (del griego ergo: trabajo. Plural: erga, significando obras, es lo que ponen en la carretera cuando hacen un boquete del tamaño de un cráter lunar). De momento, aquí estoy con los dorsos de ambas manos como trastes de guitarra (por la tensión, digo).
La verdad es que nunca me había pasado tanto tiempo delante del portátil: es curioso, dado que ya he acabado la carrera y todo. Pero digamos que la mayor parte del tecleo/movimento del ratón lo hice siempre en ordenadores de sobremesa, desde aquel mítico Amstrad. Señores, tengo 22 años. Hagan las cuentas.
De hecho mi hermana (¿no queríais anécdotas?) a los ¿tres? años ya sabía teclear run"m, que era el comando de menú del Amstrad. Antes de saber leer ni escribir, antes de saber las letras siquiera, ahí se ponía ella con dos dedos con tal de poder jugar al Manic Miner (leído manicminer tal cual). Daos cuenta que incluso tenía que pulsar Mayús+2.
Volviendo a mi inexistente teclado. Cuando me enamoré de mi portátil no me di cuenta de muchos detalles tontos: quizá pase también en las relaciones, uno mira el conjunto y a la larga son los pequeños detalles los que le dan la puntilla en los días malos. Por ejemplo: para ira al principio o al final de línea tengo que pulsar la tecla de función, lo cual convierte el proceso de seleccionar una línea en una complicada operación de tres teclas. Además de ser la misma tecla que el avance de página y estar justo encima de las flechas de dirección. Si a eso le sumas que no tiene puerto de serie, ni paralelo (¡no tiene LPT1! ¿por qué?) ni micrófono integrado, te encuentras con tres de los detalles más tontos que te puedas imaginar en un portátil. Llego yo tan feliz con mi portátil con su guairles (no hay red donde yo vivo), sus cuatro usb (no tengo cuatro periféricos), su IEEE 1394, que para qué lo quiero si no tengo cámara digital, y llego a casa, voy a conectar la impresora y ¡tachán! ¿ande leches para el LPT1?
Me tenéis que perdonar que me ponga tonta, pero es que de repente me pasó toda una generación por delante de las narices sin darme cuenta. Yo que pensaba ¡qué moderno es mi portátil, seguro que tarda en quedarse antiguo! Y resulta que por una vez, la antigua era yo...
PD: La próxima vez hablaré de mi impresora (snif), que compré porque podía imprimir desde el DOS...
para estar montado por una empresa que pretende "instalar un ordenador con windows en todos los hogares de la tierra", William Gates dixit. No es que no esté bien... es que suena un poco fanático.
En cualquier caso. El Messenger. Joer, tuve que hacerme una cuenta. Porque si no parecía como que estabas incomunicado del resto del mundo. Todo el mundo se hacía una dirección messenger porque todo el mundo tenía una dirección messenger. El correo era el más horrible de la tierra, sí, pero no todo el mundo sabía que sólo necesitabas la pasarela MSN para acceder a la red messenger, y por eso te hacías un Hotmail.
Perfecto. Todo funcionaba bien. Hasta yo estuve por darles la razón, porque habían conseguido un sistema de comunicaciones más o menos estándar para todo el mundo. Había varios clientes, para Mac, para Linux, de código abierto, de código cerrado, de Microsoft... Pero efectivamente. Lo de que aquéllo era por amor a las comunicaciones humanas, era una ilusión.
Ahora resulta que hacen la red Messenger privada. Lo cual quiere decir que cambian el protocolo, y además, el nuevo, será privado. ¿Y esto qué significa? Que sólo podrán acceder los usuarios que tengan Microsoft Messenger 5.0 o Microsoft Messenger 6.0. Es decir, con el cliente de Microsoft y con un Windows 98 o superior instalado como Dios manda (sí, incluso dan de lado a la gente que usa Windows 95).
Perfecto... ahora los clientes de Linux no podrán entrar. Al menos de forma legal. Y yo, que uso linux, me aguanto y me quedo sin Messenger. Oh, qué pena, pensarán los de Microsoft. La gente que usa Linux no podrá acceder. Pero la verdadera consecuencia no es que el Linux se quede sin Messenger. La verdadera consecuencia es que ellos (Microsoft) serán los únicos que darán acceso a la red Messenger. Serán la única empresa que permitirá la entrada. Eso se llama monopolio. Y como en todos los monopolios, harán lo que quieran.
Lo primero que se me ocurre que podrían hacer es incluir toda la publicidad posible en los clientes (programas de acceso). Porque ya no habrá clientes alternativos que puedan acceder y que no tengan publicidad. Lo segundo que se me ocurre, es que podrían cobrar por la licencia del Microsoft Messenger, que hasta ahora era gratuita (esto tiene antecedentes, recordemos que lanzaron al mercado el MSN Explorer, un navegador de internet que era gratuito hasta que tenían un suficiente número de personas enganchadas a él como para empezar a cobrar). Lo tercero, es que podrían cobrar no por hablar, pero sí por acceder a determinados servicios, como la comunicación por voz o la videoconferencia.
No sé si lo harán o no lo harán. Lo que más me jode de todo esto es que ellos mueven sus fichas y hacen su estrategia de mercado, y la mayor parte de la gente no se da cuenta de lo que realmente pasa. Hasta que se dan con la estrategia en las narices y no pueden hacer nada para evitar el golpe.
P.D.: Yo, personalmente, me paso a Jabber, que es una red de mensajería instantánea alternativa, libre y gratuita. Y además, tiene un cliente para windows que es mucho más mono que el Messenger. Más información aquí.
...pero es que tengo webcam y la tengo para usarla, y al principio eso de renunciar a ella, pues qué quieres que te diga, no me hacía nada de ilusión.
Y tampoco debe ser tan difícil, pensaba, crear un cliente para jabber que incluya (por favor, que nadie diga soporte porque eso sí que no lo soporto) la función de videoconferencia, que tanto me salva de estar lejos de los míos (y ver crecer a mi hermanito, que no es poco).
Total, que ahora estoy descargándome neos(r), que afirman incluye videoconferencia (una vez más, si hubiera comentarios pediría ayuda al respecto) aunque no sea 100% chachi-guay-lo-hacemos-gratis-porque-no-tenemos-bocas-que-alimentar. Aunque perjuren que es gratis. Más noticias en cuanto lo instale.
Otro logro personal de hoy ha sido conectar en LAN mi portátil con el de mi mon amour. Tarea no trivial, tratándose de sistemas operativos distintos y con todas las posibilidades de fallo de mocosoft elevadas al cuadrado.
Por supuesto mi teclado (snif) sigue sin aparecer. Todos quieren venderme cosas distintas ¡pero yo quería ese, con el ratón óptico de regalo! Ainn...
Por otra parte, esto de estar en una isla mediterránea tiene increíbles ventajas culinarias: a) comer pescado fresquísimo, b) comer verdura fresquísima, c) aliñarlo todo con aceite de oliva, d) regarlo todo con vino tinto (o anís, en su defecto). Suspiro *Lucille se repantiga en el sofá y sonríe satisfecha*. Esto es vida.
Pero no todo es vino y rosas (aunque lo pareciera) y el hecho de que no haya llovido desde abril tiene como desventaja una cantidad de polvo ingente. Hoy he intentado limpiar la terraza a manguerazos y el sumidero no colaba. Por favor, no me imaginéis hundida en el fango porque, en realidad, tiene muy poco o cero glamour. Además, las obras para los futuros juegos olímpicos parecen no tener fin.
Y en un tirón de estos tontos se ha caído la cortina alpujarreño-cretense (esto es, de lienzo amarillo) y no sólo se ha caído (no, eso sería muy simple) se me ha caído encima.
Y (sí, aún hay más) mi novio ha aprendido (me pasa por enseñarle a usar el ordenador) a escuchar El larguero vía internet desde aquí. Ahora está durmiendo, y al mirarle sonrío, y es imposible cogerle manía por detalles absurdos como ése.
Señoras, señores, voy a probar el nuevo cliente Jabber. Crucen los dedos por mí.
No estoy hablando de Rumasa, por supuesto, sino de neos.
Ángel de mis amores, sabaoth, ¡es tan mono! Sí, es cierto, no tiene avatares y está traducido sólo al español pero ¡es un español tan mono! Y de momento funciona. Así que si te llega un contacto con mi nombre (ejem, ejem) @nabla, pues soy yo. Naturalmente.
Por cierto que en griego moderno, las anécdotas son lo "no publicado" (el equivalente latino serían "las cosas inéditas"), aunque también vale para chistes (lo que convierte en paradójicos, además de absurdos como suelen ser, los libros de chistes).
Y estas notas mías, estas anécdotas, también lo serían...
Nos vemos mañana (esta noche no hay nadie en nigún sistema de mensajería instantánea: para todo el mundo es la noche antes del comienzo de curso, y para mí es un domingo como cualquiero otro... supongo que el resto de mi vida era esto).
Y lo siento si me salgo de lo anecdótico... así son las paradojas.
... es una pregunta que me asalta de vez en cuando, sobre todo el hecho de elegir un programa en concreto.
No es que yo sea nueva en el asunto, no seamos ingenuos. Soy lucille desde aquel día en el irc, lo recuerdo como si fuera hace muchos años porque es la realidad. Estaba en una biblioteca (¡sí! no había suficiente gente chateando mundialmente como para que se hubieran molestado en prohibirlo). Eran aquellos tiempos analógicos, por así decirlo, del Windows 3.11 para trabajo en equipo (qué bien sonaba).
- Oye, que me pide un nick.
- Pues pon Lucille, como el cuento que escribí.
La Lucille de este cuento provenía, a su vez, de una canción de Venas Plutón que decía:
Lucille, fairy-tale eyed girl,
[...] a mystic queen in rags
But look in her real deep, look in her real deep, you might see things my dear, you might see things my dear...
Así que con Lucille me quedé hasta hoy. Recuerdo la ilusión de mentir en todos los campos del hotmail: de inventarme edad, lugar de residencia, todo. Por aquel entonces era muy emocionante soltar trolas, como que vivía en Granada, con total impunidad. Recuerdo que lo apunté todo (¿?) por si un día me lo preguntaban... costumbre que no conservé por estúpida (la costumbre) y me ha costado el cierre de otras cuentas por no recordar la contraseña.
Total, que allí estaba yo, más feliz que una lechuga, en el canal de irc de uno de mis grupos favoritos, en aquella época en que el propio grupo se suscribía a su (única) lista de correo para ver qué decía la gente de ellos, e incluso para mediar en los conflictos sobre qué leches significaban las letras. Eran otros tiempos.
Así que una vez en la lista la gente me dijo:
- Oye, ¿cuál es tu número de ICQ?
Y yo, con mi conexión de aquel entonces, me tiré años descargando el mega y poco (¡un mega entero!) que ocupaba el ICQ. Y, más tarde, sus eternas actualizaciones.
Gracias a las páginas blancas del ICQ no he podido librarme de unos doscientos mensajes spam semanales desde 1998. Gracias, ICQ. Sí, sí, debería ir e incluirme en el montón de los que no quieren ser del montón, pero ya da igual y además todos los datos, insisto, son falsos.
Total, que allí estábamos, felices, en el ICQ, viendo cómo la gente tardaba en escribir, cometía faltas de ortografía, etc, porque tenías la opción de verlo en "modo irc" o en "modo icq", con lo cual veías al otro teclear en tiempo real... y un montón de funciones chulas, como recuerdacumpleaños y cosas así. Lo malo, visto desde ahora, es que los contactos se guardaban en tu ordenador, y si te cambiabas de ordenador tenías que empezar de nuevo y recordar no sólo tu ristra de número ICQ, sino los de todos los demás. O bien buscarlos uno a uno en el directorio ICQ.
Por aquel entonces, en aquel mundo sin cibercafés (a mi pueblo llegaron no hace mucho), el mundo en que de mi clase sólo otro chaval y yo teníamos conexión a internet, las posibilidades de conectarte desde el ordenador de otro eran bastante remotas. Y de esto no hace tanto.
Creo que fue en Alemania (hace ya tres años) cuando apareció el emesenemesenyer. Antes había que quedar en canales de chat que no siempre funcionaban. En la universidad te dejaban chatear en la sala de ordenadores (¿por qué no? era una función más de la red, además, la gente que quiera trabajar estará en la sala de los mac).
Yo necesitaba algo básico, porque mi novio era y sigue siendo un analfabeto informático para las cosas que no le interesan mucho (pero para encontrar top-less de Natalie Portman es un hacha). Y con las conexiones de aquel entonces no podía descargar el ICQ y montar el follón cada vez que quería conectarme un rato, a ver qué se contaba la gente. Y efectivamente, nos dejaban instalar cosas, porque insisto, los pcs eran juguetitos, la gente que quería hacer algo serio se iba a los mac.
Así que apareció el emesene y ahí nos quedamos. Desde entonces no he vuelto a recibir un correo electrónico suyo que no fuera para decirme "me conectaré a las X" o "lo siento, pasó no sé qué, nos vemos".
Así que poco a poco el chateo pasó de ser algo gracioso para pasar el rato a el sustituto del teléfono, el correo electrónico y las cartas. La incorporación del sonido y la cámara fue el golpe definitivo. Pero para ello siempre fue mejor el yajú (porque no tenías que tener equispé, como al principio en el emesene), incluida la calidad del sonido y del vídeo. Ese es el que uso para hacer videoconferencia con mi familia, y me ha salvado de más de un mal rato.
No me da ninguna pena despedirme del messenger: siempre ha sido un coñazo para las conversaciones en grupo (esa manía de usar dos líneas para cada uno, no te deja agrupar las ramas por las que se va la conversación), parpadea demasiado y no hay manera de organizar bien las ventanas en el escritorio. Recuerdo aquella vez este verano (¿verdad, sabaoth?) en que intentamos hablar siete personas en la misma conferencia... fue un desastre. No daba tiempo, se iba todo de la pantalla enseguida... y en el irc siendo cuarenta y cien todos tan frescos. *Suspiro*.
Ahora veremos como me va con la abejita de Neos (¡es tan cuca! ¿cuánto tardaré en odiarla?).
Y hasta aquí por hoy.