Las palabras son capaces de crear y destruir sentimientos, personas y mundos enteros.
No es que Atlantis Reloaded merezca tus palabras, es que las necesita para vivir. Por otra parte, da mucha alegría verlas de nuevo, después de tanto tiempo.
que el pensamiento inaugural de esta nueva época fuera uno que nunca llegamos a escribir. Lo tradujiste, pero el original nunca apareció.
Atlantis y Gabriel tienen muchas cosas en común, y significan cosas muy parecidas. Gabriel se merecía este puesto.
Ya tenemos un Drupal que por fuera es igual que Atlantis, y que por dentro es mucho más grande, más fuerte y más potente. Atlantis será ahora no sólo una lista de pensamientos, sino una red de pensamientos.
Yeah.
... en mi sofá, con el solecito entrando por la ventana y el casi absoluto silencio de este piso, me ha gustado leerte. :)
y menos mal...
... fucking lonely.
¡Qué momentos tan interesantes esta primavera! Suerte, suerte... yo creo que he agotado casi toda mi suerte del mes de mayo, o del año, o del trienio, o de la década... quizá el destino me castigue, pero lo voy a tentar un poco más a ver si cuela lo de ir a Roma... y hacer noche en Madrid por el camino.
PD: Os quiero mucho a todos. Mucho mucho.
Los grandes días son muy grandes.
Por cierto, quiero timaros a todos para que vengáis a casa. I need you. He pasado una semana muy enferma y eso me ha hecho entender... ¡que no, que no os timo! Es sólo que me gustaría mucho. Sab, 1052, Akubika, NdelT... esto es un llamamiento serio y claro. :-)
Como si fueran viento. Nieva, hace frío, salgo, hago la compra, veo a los alumnos, corrijo las prácticas. Pero todo se compone en las monótonas iteraciones que son mis días: levantarse, desayunar, leer las noticias, comer algo, trabajar, cenar, charlar con la gente o con i si está y meterme en la cama a ver una serie o dormir, algunas veces las dos cosas. Supongo que la repetición de mis días sin que pase nada emocionante, en el sentido de nada que verdaderamente me haga sentir emociones, viene por el hecho de que aquí mi vida social no es tan ajetreada, y además no tengo trabajo que hacer. Nada. Niente. No puedo avanzar mucho en el doctorado por unas cosas y otras, y en la facultad no me queda mucho que hacer excepto poner el examen. No quiero salir a darme una vuelta por Europa con el coche porque el temporal no me anima, y porque verdaderamente lo único que quiero es que pase este mes y todo gire 180º, y se ponga más o menos como estaba antes de septiembre.
Le echo de menos.
No sé en qué momento me di cuenta que mis días son en realidad una espera. Cada día que pasa, cada desayuno, cada almuerzo y cada cena, son una cuenta atrás para poder volverme y recuperar mi inercia anterior. Mi inercia con i, y mi inercia con mi trabajo. No es que sienta que aquí estoy desperdiciando mi vida. Ni siquiera me estoy quejando de lo horriblemente aburrida que es mi vida aquí. Más bien al contrario: estoy encantado. Cuando hace cinco años me vine a Alemania por primera vez descubrí que yo mismo me sobro y me basto. Que la soledad relativa (a saber, la casi ausencia de contacto y obligaciones sociales, a excepción de las telemáticas) me gusta y me satisface. Que me deja tiempo para mí, para hacer lo que yo quiera y para distribuir las tareas de mi vida como más me apetezca. Entiendan por favor que aprecie esto, pues primero fueron las reglas y obligaciones de mis padres y luego fueron las reglas y obligaciones de El Sitio Donde Todos Nos Conocimos. Lo que pasa es que algo me duele ahora. Y sé que por muy bien que esté, por mucho que sonría cuando salgo a la calle y hace frío, de ese que se te mete por el hueco de la bufanda y hace que te duelan las orejas, por mucho que sea feliz al prepararme la cena y ponerme un capítulo de The L Word mientras me la termino, sé también que el mejor momento del día es cuando él llega a esa lista de contactos que está todo el día abierta sólo por si aparece, y me dice "buh!", con minúsculas y sin signo de admiración de apertura, y yo le pongo dos acentos circunflejos, que hasta donde yo me sé es la forma más dulce de traducir la sonrisa estúpida que se me queda. Se me quedan cortas las palabras. Porque en realidad yo lo que quiero es que se pase este mes, y que llegue en su avión a Berlín, y que yo esté en el aeropuerto esperándole, y que el "buh!" se transforme en poder tocarle y sentirle sin tener que imaginármelo. Y hacer el viaje de vuelta a España con él. El cual, si es la mitad de bueno que cuando me acompañó al venir a Alemania, habrá hecho que merezcan la pena los tres mil y pico kilómetros. Y treinta mil haría, si fueran con él.
escribir sobre i, porque siempre que he escrito sobre alguno de los que ha entrado en mi vida ha terminado saliendo de un portazo. Bueno, en realidad puede que sea porque todos han salido (más o menos) dando un portazo.
No sé si es que no se me da bien o que he tenido mala suerte, o una mezcla de las dos. Sin embargo con i me va muy bien, no sé si porque se me empieza a dar bien o porque he tenido mucha suerte, o una mezcla de las dos. No es que sea todo de color de rosa (estaría bien, con medio año de camino), pero cada me cuesta más trabajo estar sin él.
Ahora que yo me he cambiado de país one more time se ha hecho todo un poco más complicado. Pero no lo veo negro. Más bien al contrario.
Serán las ganas que tenía de que ya me saliera algo bien. O las que tenía él. O una mezcla de las dos.
Hace un tiempo que quiero escribir, y hace un tiempo que quiero contar estos dos sueños. No sé si merecen estrenar la casa nueva de Atlantis, pero cuando escribí lo de la galleta creo que tampoco lo sabía.
El primero ocurre en tiempos de la antigua Roma, la serie. La mujer de Lucius Vorenus, Níobe, habla con una amiga reclinada en una tetería, taberna, o algo así. Yo llevo una bandeja con copas de vino (que son las de la cristalería de mi casa). Cuando voy a servir las copas, le doy con el pecho a una de ellas y se cae, ¡mierda, que no se rompa! (Valen una pasta, las copas). Pero el vino se derrama entre las dos mesas, y cae sobre la pierna y el pie de Níobe, envueltos en una sandalia romana de tiras de cuero, de donde yo lo bebo.
Mientras, al fondo del local, Zor trabaja en algo con una rueda de piedra, trozos de madera y cuero. Va probando ruiditos, quizá vaya a ser hidráulico. Níobe protesta: «¡Dile a ése que deje de hacer ruido de una vez!». Yo me levanto y le respondo, muy indignada: «¡Si le dejas trabajar en paz, construirá algo que hará música incluso cuando él no esté!».
Ahí acaba el sueño, en el que Zor es DJ de clubs BDSM incluso en la Roma antigua.
En el sueño siguiente (unos días más tarde) nos vamos a navegar a Malasia en el avión privado de su hermano. Por dentro parece un vagón restaurante de un tren clásico. Aunque los asientos son de primera clase, de avión, y de cuero beige, están dispuestos de dos en dos con una mesa con mantel enmedio. Vamos comiendo, o de sobremesa, hasta que llegamos y aparecemos prácticamente ya en el puerto, en el barco. Es un barco muy fino, como un catamarán con una sola base, y me cuesta mantener el equilibrio. Hace un día gris, y al parecer sólo podemos sacar el barco por el puerto porque nuestro plan improvisado no había tenido en cuenta que estamos en temporada de tifones. Es mala idea navegar con tifones, así que después de un rato decidimos volver. A la entrada del avión, en una de las mesas, está Eris de pequeña. Quizá tenga once años. Delante de ella hay un plato que tiene una gran montaña de pan integral tostado con tomate y aceite. Yo cojo unas cuantas tostadas para llevarlas a mi mesa, y la Eris pequeña me regaña: «Eh, no te las lleves todas».
El sueño acaba y me despierto feliz y relajada, porque me encanta navegar en Malasia.
Aunque en realidad nunca he ido.
Mi madre me ha dicho esta mañana: tu trabajo es hacer que la gente se entienda.
Me gusta la idea. Quizá tenga razón.
Siempre que algo se termina lo acabo comparando con lo que tuve con él, tarde o temprano. Es como si nunca se hubiera ido, a pesar de que todo sucediera hace ya siete años. Siete años, nada más y nada menos. Siete años para olvidar las cosas malas. Siete años recordando las cosas buenas.
Esta noche me lo he encontrado, tan radiante como siempre. Casualmente habíamos quedado para comer mañana. No lo veo en dos meses y ahora me lo encuentro en el Playmobil.
Lo he tenido muy cerca. Como homenajeando el día en que le besé, tumbado más o menos donde estoy ahora, siete años atrás.
Me pregunto si él se acuerda de mí igual que yo me acuerdo de él. Aunque hayan pasado siete años.
i can fly
but I want his wings
i can shine even in the darkness
but I crave the light that he brings
revel in the songs that he sings
my angel gabriel
i can love
but I need his heart
i am strong even on my own
but from him I never want to part
he's been there since the very start
my angel gabriel
my angel gabriel
bless the day he came to be
angel's wings carried him to me
heavenly
i can fly
but I want his wings
i can shine even in the darkness
but I crave the light that he brings
revel in the songs that he sings
my angel gabriel
my angel gabriel
my angel gabriel
my angel gabriel
my angel gabriel
my angel gabriel
my angel my angel
my angel gabriel
Es curioso como algunas veces los valores típicos se invierten, y tu trabajo, el trabajo bien hecho, o simplemente el trabajo realizado pueden convertirse en una fuente de felicidad. Supongo que eso te pasa cuando tienes mucha suerte, como yo, y estás trabajando en algo que te gusta, y que, bueno, aunque te vaya a dejar en la calle sin dinero ni contrato dentro de dos meses, no deja de gustarte. Son las 21:04 y lo único que me tira fuera de mi laboratorio es la partida de rol de esta noche. Eso y que el guardia cierra el aparcamiento a las 22:00 y que tengo que sacar el coche antes de eso. O me voy andando.
Estoy más liado que nunca, y me lo estoy tomando mejor que nunca.
Sidenote: creo que voy a migrar Atlantis a Drupal.
... and now, somehow, she is one of the 11-M lawyers.
And the last time she saw me, I was really, really fat.
She was still gorgeous.
She still is. I've seen her picture in a national newspaper.
Yes, I googled her.
And lots of other people.
I can't sleep tonight.
My daughter fell off her bed, and her father and I run to help her. Adrenaline shot. At 2am. Fuck.
I've been on holidays for some days now. Just 3 left.
It has help me realise how much, lately, does my life completely suck.
It really does.
No, it doesn't. Not completely.
My professional life sucks 75% of the time.
My social life would suck, but it had to exist first.
Turning point: a couple (3rd this year?) gets divorced, and suddenly we're out of New Years Eve's plans.
My family life is great: we finally go out with my sister. A and 15 of her friends. To a Glam Covers Versions rock concert. It has been fun.
I'm a bit lost.
I feel sad and lonely about 1 or 2 weeks out of every 4.
I know what you're thinking. Part of it is hormones, I know.
The other part is that I have no friends here dragging me out of monotony, and that even when I work too fucking much it is never fucking enough.
The question now is: if sending everything to hell sounds like an improvement... is it, really?
...que las imágenes hacen daño.
Porque las imágenes traen recuerdos, y hay recuerdos que duelen. Y es curioso cómo los olvidas, y lo rápido que renacen cuando los ves delante de ti, capturados, como si fuera otra vez ese día y supieras lo que iba a pasar.
Menos mal que el dolor nos hace fuertes, porque si no, menuda mierda.
El sol se estaba poniendo, pero amanecía en mi corazón.
... como Abraracúrcix, en el suelo, sobre su escudo.